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«VOX, ¿una esperanza?». Artículo de José Miguel Gambra

VOX, con sus 100 medidas urgentes (MU) ha conseguido despertar esperanzas en católicos, en patriotas, en carlistas incluso, que han acabado prestándole apoyo en las elecciones andaluzas con su voto o de otras maneras. Ese hecho pone de manifiesto una laudable preocupación y un efectivo deseo de «hacer algo» ante la deriva de nuestra Patria, que padece la gravísima amenaza separatista y sufre una agobiante legislación inspirada por lobbies de obsesos sexuales, de feministas y de organizaciones financieras con la finalidad de desarraigar por completo sus costumbres cristianas, cuando no acabar con su unidad o someterla a poderes globalizados.

A VOX le ha costado años formular el conjunto de medidas que, a modo de programa electoral, ha logrado conmover la sensibilidad de los españoles de bien. Fuera de las que se refieren a la organización del Estado, muchas de esas medidas, realizables o no en las circunstancias actuales, parecen dignas de estima y apoyo. Pero sabido es que los programas electorales están confeccionados por los partidos para reunir votos y que en modo alguno les comprometen a atenerse a ellos una vez que alcancen representación parlamentaria o lleguen al gobierno.

Lo que, por consiguiente, ha de mirarse no son las promesas en el aire que enumeran los programas, a menudo engañosas o utópicas, sino los fines que persigue el partido. Es decir, sus principios de acción política y los consiguientes medios que están dispuestos a usar, empezando por el régimen de gobierno adecuado a esos fines. VOX ha enunciado todo ello en su Manifiesto Fundacional (MF). Sólo considerando esos principios se puede juzgar el valor de sus promesas electorales.

El punto 2 de los principios inspiradores del MF expone los fines de su actuación política y, el punto 1, los medios. Los fines se enuncian de la manera siguiente: «La indisoluble unidad de la Nación española y la atribución de la soberanía nacional al pueblo español en su conjunto son pilares irrenunciables de nuestra convivencia en libertad». En otras palabras, VOX es un partido nacionalista, porque concede a la nación y a su unidad una prioridad desmesurada, «irrenunciable», sustancializada; y es liberal, porque atribuye la soberanía, o poder absoluto, a la voluntad popular. No discutiré sobre la conveniencia de mantener nuestras fronteras y nuestra unidad que son parte importante del bien común. Lo que, sin embargo, resulta más inadmisible es que las leyes y el orden dentro de nuestra patria dependa de la voluntad popular, olvidando que cualquier ley debe ajustarse a la ley natural y a la voluntad de Dios, del cual VOX no hace mención alguna, como tampoco se acuerda para nada de la Santa Madre Iglesia.

Que eso es inaceptable resulta claro porque el bien común de la Patria, rectamente entendido, no puede depender de los caprichos del querer humano, siempre sometido a las variaciones que la propaganda introduzca en las mentes de los ciudadanos. Ya en las mismas 100 medidas se ve el efecto de esa propaganda. Por poner un solo ejemplo: VOX se declara favorable a la familia y a la vida (MF, Principios inspiradores, §10), pero no se atreve a incluir entre esas medidas la más urgente de todas, que debería ser la ilegalización del aborto para detener el sacrificio de inocentes, vergonzosamente despenalizado en nuestro país (MU 56, 75). Si VOX se ha olvidado, desde el principio, de asunto tan capital en su programa para allegar más votos, sólo cabe esperar que cualquier otra de sus medidas de su programa sea alterada para halagar al electorado y alcanzar el poder. Otros ejemplos podría añadir sobre la economía de mercado, sobre su indiferentismo o sobre la sumisión a la Unión Europea y su consentimiento de vergonzosas lacras sociales, pero dejémoslo ahí.

Por lo que hace al modo de gobierno, VOX es coherente con el punto anterior y sostiene la democracia liberal, el constitucionalismo y todo lo que eso conlleva: la separación de poderes (MF, Razón de ser), como supuesto instrumento para limitar el poder del gobierno; reducción de la ley a lo que emana del parlamento como reflejo de la voluntad general, prescindiendo de cualquier sometimiento a la ley natural o divina. Pero, aún hay más. A cuento del desatino autonómico (MF, Razón de ser) y de promover una igualdad homogeneizadora entre los ciudadanos (MF, Principios inspiradores, § 5), VOX propugna una forma de estatismo radical que deja en manos del gobierno la totalidad del poder (MF, Agenda § 8). Estatismo que no queda paliado, en modo alguno, por su idea de la descentralización territorial (MF, Agenda, § 4, 8), toda ella dependiente del Estado central. Verdad es que reconoce los males y corrupciones que conlleva el excesivo poder de los partidos (MF, Razón de ser). Pero, aunque propone una serie de medidas experimentales para dificultar la corrupción y mitigar el poder partidista (MF, Principios inspiradores, §5; agenda § 2,3, 5-7), ninguno de ellas puede tener efectividad dentro del marco del sistema democrático de partidos, donde el poder acaba ineluctablemente en manos de una oligarquía de políticos profesionales que imponen sus ocurrencias sin límite real alguno. El poder del gobierno sólo se limita gracias a los contrapoderes efectivos de las sociedades intermedias, de los municipios, regiones, reinos y corporaciones profesionales que, en virtud de su libertad de acción, impiden los excesos del poder.

El mal de nuestra Patria no se resuelve con proponer medidas paliativas dentro del sistema democrático, sino abrogándolo. El sistema de partidos genera, casi automáticamente, nuevos partidos-escoba que tratan de captar el voto de los descontentos a izquierda y derecha con el propósito de engullirlos, amansando poco a poco su irritación con promesas electorales. Muchos de esos partidos no alcanzan apoyo de los votantes, pero, cuando crece la exasperación a tenor de la presión gubernamental, es fácil que alguno de ellos, dotado de presupuesto suficiente y, a veces, apoyado por el partido gobernante, logre tocar la fibra sentimental del ingenuo ciudadano y las urnas le concedan sus favores.

VOX retoma principios similares a los de Alianza Popular o del PP de hace unas cuantas décadas (capitalismo, constitucionalismo, indiferentismo religioso, etc.). Cree haber aprendido de sus errores y quiere reemprender su mismo camino, pero pertrechando al Estado con nuevos y más fuertes instrumentos de poder. No alcanzará el poder y habrá dañado grandemente a la reacción que verdaderamente necesita nuestra Patria. Pero, si lo alcanza, el camino emprendido terminará, quieras que no, reproduciendo el mismo despotismo democrático y laicista que padecemos.

No hay que dejar en el olvido la sabia máxima aristotélica y tomista según la cual «el error pequeño en principio se volverá grande al final» (parvus error in principio magnus erit in fine). En otras palabras, «lo que mal empieza, mal acaba», como dice nuestro refrán.

José Miguel Gambra

Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista

 

 

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