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¿Un gran partido político católico?

VOTE A GUNDISALVO2Como en otras grandes crisis político religiosas, ahora se vuelve a hablar de la conveniencias de montar, o no, un gran partido político católico. Véase SP’ de 16-I-2016, pág. 13, artículo de Don Pablo Gasco de la Rocha, titulado “¿Dónde está?”.

Las propuestas de un gran partido político suelen tener un cierto aire excluyente que es erróneo y malo. Puede haber un partido católico o varios a la vez, y coexistir con otras formas de actuación que sean morales.

Un error inicial es dar por supuesto que nos tenemos que adaptar a un régimen democrático de partidos políticos porque es el único existente y admisible. Esto es mentira. Hay otras formas de organizar la sociedad de manera no democrática, algunas bendecidas por la Iglesia. Pensar que fuera de la democracia y de sus partidos no hay nada, es contrario a la verdad, a la razón y a la historia. Ahí están el Antiguo Régimen, la organización tradicional de la sociedad, los Estados corporativos y otros confesionalmente católicos, todos suficientemente compatibles con el Derecho Público Cristiano.

Lo primero que hay que hacer, pues, es recuperar el concepto de la confesionalidad católica del Estado. A partir de ahí, las formas de representación política que se elijan son todas suficientemente buenas. Sacar a lo religioso del estamento representativo para situarlo más arriba, en el cogollo intangible, llamado Constitución o de otras maneras, facilita a los católicos una mayor libertad de elección en los demás asuntos. Hablar de partidos católicos y de no católicos es dar por perdida gratuitamente la confesionalidad católica del Estado con todas sus consecuencias. Lo enseñaba así el gran maestro Don Álvaro d’Ors.

Si erróneamente se desiste de la reconquista de la confesionalidad y se acepta el régimen de partidos, tampoco tiene mucho sentido hablar hoy en España de crear un nuevo partido católico, porque ya existen, y no uno solo sino varios, suficientemente católicos, como la Comunión Tradicionalista, y otros. Lo que pasa es que están gravemente enfermos de raquitismo impuesto sin piedad y con contumacia por amplios sectores de un clero ignorante, holgazán y suicida, que encima orienta a los fieles a partidos no católicos como el Partido Popular, con la esperanza equivocada de que mediante las tácticas de “infiltración” inadmisibles moralmente, puedan ser instrumentalizados al servicio de lo religioso con el resultado que ahora vemos y al que se vio en la Segunda República, con la CEDA. Lo que tienen que hacer muchos católicos es dejarse de cómodas pamplinas y afiliarse a cualquier organización de probada mayor eficacia.

Las tácticas de “infiltración” y de actuar “desde dentro” de los partidos no cristianos son desde antiguo la alternativa que el liberalismo ofrece a la confesionalidad católica, para destruirla. Aparte de los malos resultados que han dado estas tácticas, hay que decir que no se pueden realizar sin mentir, engañar, faltar a compromisos previos, y otros enredos pecaminosos. Y aunque se descubriera para recorrer esas maniobras un sendero no pecaminoso, siempre quedará en pie el gran principio de la cultura española de que hay cosas que aunque no sean pecado, no puede hacer un caballero español. Recordemos también el juicio análogo de los ingleses cuando dicen, refiriéndose a un tercero, que “es demasiado listo para ser gentleman”.

Manuel de Santa Cruz

Siempre p’alante, febrero, 2016

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