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Tirso de Olazábal: “Don Jaime en España”

S.M. Don Jaime III

S.M.C. Don Jaime III

No hace mucho, doña Pilar Badiola, correligionaria de todos querida y admirada, nos contaba cómo había aprovechado una entrevista de radio sobre las víctimas del terrorismo para declararse carlista y, hablando, hablando, “al final del programa resultó que, todos tenían antepasados carlistas”. Y es que carlistas fueron al principio de la usurpación muchos, muchos más que los isabelinos, más y mejores. Mejores no sólo por defender el orden cristiano, sino porque las filas del liberalismo principalmente se nutrían de prebendados y cómplices del inmenso latrocinio de la desamortización. Y permaneció fiel el pueblo carlista a través de derrotas y engañosas victorias en cuatro guerras. Y aunque tuvo sus horas bajas, todavía en los sesenta del pasado siglo subían cien mil carlistas a Montejurra el primer domingo de mayo. Sólo la traición del clero y de los príncipes pudieron reducir el carlismo activo y fiel a los actuales límites de la Comunión Tradicionalista. Queda ese otro carlismo potencial que obra dentro de las conciencias -malas pero redimibles conciencias- de tantos que fueron y dejaron de serlo; que obra calladamente en la curiosidad de sus hijos y de todo español y pugna por salir a la luz desde los libros, los miles de libros que encierran la esclarecida doctrina del  carlismo, sus heroicidades, renuncias y sacrificios.

Porque, si se reuniera cuanto han escrito los carlistas y cuanto sobre el carlismo se ha impreso, se nutriría una biblioteca muchos miles de volúmenes. Basta para convencerse con repasar la bibliografía recolectada en cada uno de los treinta tomos de la Historia del Tradicionalismo Español, de Melchor Ferrer. Por ejemplo el tomo XXVIII, que recoge las publicaciones de 1876 a  a 1908, contiene una bibliografía de más de setenta páginas.

Hoy hemos recuperado de la Biblioteca Nacional una de esas obras. Narra el viaje por toda España que, en 1895, realizó de incógnito S.M.C. Don Jaime III, por entonces Príncipe de Asturias, en compañía de don Tirso de Olazábal, Conde de Arbelaiz y Jefe Delegado de las Vascongadas y Navarra. De amena lectura, sus muchas anécdotas dan una idea del profundo lazo afectivo que, desde su exilio, unía a la dinastía legítima con España y, a la par, evocan la pujanza popular del carlismo en aquel entonces. Sirva, desde su modesta condición, para reavivar, hoy que tanta falta hace, al carlismo potencial.

Para acceder al libro pinche en:  OlazabalJaimeIII.pdf

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