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Sylvita Baleztena: una «margarita» de leyenda. Artículo de Miguel Ayuso

Decir Baleztena es decir Navarra y decir Carlismo. En Pamplona, Casa Baleztena, con sus innumerables balcones a la Plaza del Castillo y al Paseo de Sarasate, uno de los centros permanentes de la conspiración carlista. Y en Leiza, Petrorena, la casona familiar, frente al Ayuntamiento, que fue «villa y corte» provisional de la dinastía proscrita cuando Don Javier se alojó en ella durante la guerra y, posteriormente, en 1955, en plena lucha dinástica con los juanistas. Entre ambas se custodió parte importante de las banderas históricas procedentes del Palacio de Loredán y de los Tercios de Requetés durante nuestra guerra, que luego fueron expoliadas por elementos del llamado Partido Carlista.

Nacidos en el último tramo del siglo XIX, los Baleztena Ascárate constituyen una generación extraordinaria. Joaquín, concejal del Ayuntamiento de Pamplona, diputado a Cortes, presidente de la Junta Regional Carlista de Navarra y luego de la Junta Central Carlista de Guerra de Navarra creada el 20 de julio de 1936. Dolores, «la tía Lola» de la Comunión Tradicionalista, la primera mujer que condujo un automóvil en Navarra, con el que iba por los pueblos dando mítines. O Ignacio, «Premín de Iruña», también dirigente carlista, concejal, diputado foral y destacado folclorista, autor de la famosa canción «Uno de enero, dos de febrero…», promotor del riau-riau y fundador de la peña Muthiko Alaiak.

Precisamente del matrimonio de Ignacio Baleztena con Carmen Abarrategui Gorosábel procede una rama del frondoso árbol de la dinastía. Que en su mayor parte se mantuvo fiel a la tradición carlista de modo fiero. Hasta el punto de dejar ostensiblemente cerradas las persianas de Casa Baleztena, salvo las del piso de Joaquincho, durante la primera visita de Don Juan Carlos a Pamplona en 1988. Años antes, en 1952, ante una visita del general Franco, la casa también había permanecido cerrada a cal y canto.

Sylvia, una de los diez hijos que tuvieron, acaba de morir en Pamplona el pasado 17 de julio. Los últimos años había saltado a la fama por ondear la bandera de España y la de Navarra con la laureada tocada con una boina roja desde el balcón de su casa durante los sanfermines. En las fiestas de San Tirburcio de Leiza la escena se repetía año tras año, con agresiones recurrentes que en 2012 llegaron al allanamiento por un grupo que irrumpió en la casa con gran violencia, accedió al balcón y arrancó la bandera, que a continuación fue quemada en la misma plaza. Petrorena es, pues, un símbolo de la resistencia del navarrismo y vasquismo tradicionales frente a la impostura separatista.

Alegre y de firme carácter, valiente y recia, Sylvita era una de las leyendas de la familia Baleztena y del Carlismo navarro.

ABC 26/7/2019

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