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Presentan en Santiago de Chile las Obras Completas del Rvdo. P. Osvaldo Lira Pérez (1904-1996), tradicionalista y m… t.co/s4k5nQIY37

PRÓLOGO DE S.A.R. DON SIXTO ENRIQUE DE BORBÓN A “LA PRIMERA GUERRA CIVIL DE ESPAÑA” DE RAFAEL GAMBRA.

 

Con verdadero placer cumplo el encargo con que los editores de este libro han venido a honrarme, al querer asociarme a su tarea heroica y abnegada de defensa de la tradición hispánica, tanto a través de la revista Maritornes, que tuve ocasión de saludar con motivo de su presentación madrileña, como también de buena parte de los títulos de su ya nutrido fondo editorial. Pero, en este caso, mi satisfacción es todavía mayor, pues me permite rendir un homenaje nunca tan merecido y saldar al tiempo una deuda de gratitud con un hidalgo de los que ya no van quedando, siempre leal a la Causa y al que los muchos años, llevados –eso sí– con tanta dignidad y lucidez, no le han impedido en fecha reciente asumir mi representación para reorganizar nuestra Comunión Tradicionalista.

El profesor Rafael Gambra es un ejemplo de inteligencia y perseverancia al servicio del Carlismo. Quizá uno de nuestros escritores más significativos en todo el siglo XX, su adhesión ha sido –como él escribió un día de Melchor Ferrer, el historiador que levantó la monumental Historia del Tradicionalismo Español, continuada luego hasta fecha reciente por el no menos benemérito Manuel de Santa Cruz– purísima e inconsútil. En efecto, aunque el pálpito religioso ha tenido en Rafael siempre especial intensidad, y de ahí los dolores que ha sufrido en lo más íntimo con la epocal crisis inaugurada por el II Concilio Vaticano, nunca se refugió en el espíritu de congregación religiosa, sino que prolongó el anhelo de cruzado en un combate a favor de la tuitio fidei propio de las órdenes de caballería. Y es que, si nuestro tiempo no fuera tan indigente, las órdenes militares harían suyo con especial cuidado el terreno político. También, aunque tenía derecho a aspirar por sus cumplidas dotes a puestos de gran relieve en la Academia hispana, sacrificó todo a la Lealtad, y fue carlista siempre ejerciente y nunca vergonzante. Así pues fue carlista cabal, seguidor del Rey, sin acantonarse en el agnosticismo dinástico de corte integrista ni en la adaptación al mundo teñida por un simple folklorismo más bien histórico y casi siempre inocuo. Muchos de los que le han tratado y han accedido al hondón de su alma, celosamente guardada por la ironía inteligente y sin hiel, no han podido sino reconocerlo con admiración como un arquetipo de soldado de la Causa, que defendió con las armas, en la Cruzada de 1936, cuando era un muchacho en agraz, acudiendo a la llamada de mi padre en nombre del Rey Don Alfonso Carlos, y no menos ardorosamente con la pluma y la vida –en unidad perfecta– a lo largo de toda su madurez bien cuajada, para prestar todavía últimamente, lo acabo de recordar, un servicio más, el de la jefatura delegada. 

La reedición del libro al que antepongo estas líneas también es motivo de satisfacción. Me he deleitado recordando los episodios que en esta “historia y meditación de una lucha olvidada” pone a nuestra consideración Rafael Gambra. Y que no son otros que los de la Guerra Realista, la del trienio liberal, entre 1820 y 1823, en un momento en que el liberalismo naciente iba a asociarse –como siempre en su historia– con la traición, propiciando la desgarradura de las Españas americanas al tiempo que daba lugar en la otra orilla de nuestra común nación a la primera guerra civil. El texto es excelente, desde sus primeras páginas, en que con tanta lucidez muestra de un golpe la falsedad de la visión dominante de nuestra edad contemporánea, hasta la última parte, en que esboza una aguda filosofía e incluso teología de la historia, pasando por el relato central de la guerra en Navarra, en gran medida con el auxilio del archivo de su casa y familia. Leyendo sus páginas, alcanzo a imaginar al autor, al querido Rafael, en su casa solariega de Roncal, rodeado de sus hijos y nietos, peleando nuevas batallas –intelectuales, pero también morales y en el fondo plenamente humanas y divinas– en pro de la Cristiandad, prolongada en las Españas y que el Carlismo conserva fieramente a la espera de una resurrección que le habrá procurado, en todo caso, la gloria de merecer el agradecimiento de sus Reyes y sobre todo la gracia a los ojos del Rey Eterno. 

Sixto Enrique de Borbón

En el exilio, a seis de enero de dos mil tres

Festividad de la Epifanía de Nuestro Señor y de la Monarquía Tradicional

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