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Mensaje con motivo de los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004

A mi Secretaría Política

Madrid

Profundamente conmovido por los terribles atentados ocurridos en Madrid ayer, os ruego hagáis llegar mi pésame y la certeza de mis oraciones a los familiares y amigos de las víctimas (quienes por desgracia hemos sufrido el ataque del terrorismo contra nuestra familia y nuestra propia persona podemos acercarnos a comprender cómo deben sentirse), a los madrileños y al resto de los españoles.

Porque no se trata de atentados contra la democracia, sino de atentados contra los españoles, contra España. Nuestra Patria milenaria, que ahora pretenden sustituir por una Constitución creada en 1978 y contraria a su ser. No es la «democracia» la que está en peligro, sino nuestra propia España que es víctima de un pretexto de democracia totalmente sumisa a la autocracia mundialista.

En el momento de escribir esta carta parece no estar aún claro si los terroristas son los separatistas de extrema izquierda de ETA o integristas musulmanes. No es descabellado, me parece, plantearse también la hipótesis de la colaboración entre ambos. Les une no sólo la conveniencia, sino el común odio hacia España y hacia la Cristiandad.

Sí me parece lamentable que aún no se hayan alzado voces exigiendo medidas tan de sentido común como la supresión de todas las organizaciones separatistas, la restauración de la pena de muerte para los asesinatos premeditados y la asunción por parte de España del control absoluto de sus fronteras.

Aquel odio hacia España y hacia la Cristiandad que, especialmente virulento desde hace más de treinta años, ha distinguido a mis leales carlistas no sólo como víctimas directas, sino también con aquella falsificación, antítesis del Carlismo, cuyos lamentables restos aún se hacen llamar «Partido Carlista», y que hasta en sus siglas en neovascuence (EKA; «Euskadiko Karlista Alderdia») imitan a ETA. Cualquier colaboración o connivencia con los separatistas es, como sabéis, radicalmente contraria al ideario de nuestra Comunión Tradicionalista, que se ha distinguido siempre por defender los fueros y por combatir esa traición a España.

Considero una vergüenza que los políticos se aprovechen de este drama espantoso para utilizarlo a favor de sus ideologías. Cuando la Comunión Tradicionalista recupere su fuerza habrá de poner fin a esta infamia.

Sixto Enrique de Borbón

En el exilio, a 12 de marzo de 2004.

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