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Mártires de la Tradición 2015: homilía de don José Ramón Garcia Gallardo

DSC_0001Siguiendo el ejemplo de Judas Macabeo, que ofreció un sacrificio de dos mil dracmas por los pecados de sus soldados muertos, hoy realizamos esta bella y noble acción inspirada en la idea de la resurrección, como lo ordenara y estableciera nuestro Rey Carlos VII. Aquí estamos, acatando su mandato, perpetuando su memoria. En esta fecha la piedad hacia nuestros muertos nos congrega para honrar su memoria y ofrecer el Sacrificio del Nuevo Testamento en sufragio de aquellos héroes que cayeron en acto de piedad suprema, por Dios, la Patria y el Rey.

Los tiempos que vivimos son duros, y los que vienen… peores. Estos son tiempos en que la Impiedad se ha vuelto institucional, impera y extiende su dominio por doquiera, donde otrora florecía la Cristiandad. Por estos días hemos sido testigos, con inmenso horror, de cómo el Islam degüella inocentes; nuestra sangre se helaba, mientras, sin piedad  vertían la de ellos. Vemos como destruyen con saña y con odio reliquias de la arquitectura y el arte, es la Impiedad que se propaga geométricamente por todo el orbe.

Pero sería hipócrita de nuestra parte ver solamente las bárbaras atrocidades de los impíos en el extranjero, sin ver que también en nuestra sociedad apóstata la impiedad propaga sus estragos por doquier.

Dios

La abominación de la desolación es la Impiedad que quiere borrar de los pueblos hasta la idea de Dios, y en su odio hacia el Creador pretenden quitar las huellas de su existencia destruyen la creación, pervirtiendo al mismo orden natural. Los viejos demonios han vuelto multiplicados por siete, luego de encontrarla limpia y ordenada. La impiedad que profana el altar se considera confirmada por una Iglesia modernista, amalgamando herejías, llevan al Dios verdadero hasta el Panteón Ecuménico de la igualdad. La impiedad laicista, poniendo al mismo nivel a Dios con Belcebú, a la Trinidad con Alá,  a Nuestro Cristo Rey con Barrabás, posibilita ahora que los impíos gocen con ellos de la criminal “libertad religiosa”, que rompió la milenaria Unidad Católica de las Españas.

Destrozaron preciosos retablos, valiosos altares, cuando quisieron privarnos del único Sacrificio en el que encontramos redención. La impiedad iconoclasta, se ha ensañado hasta con los santos de los altares laterales y ahora pretenden arrancarnos hasta el símbolo de la cruz de nuestras propias Catedrales.

Impiedad de un pueblo que ya no reza de rodillas ante Dios, ni comulga de hinojos al Señor,  y ahora vive postrado ante ídolos de barro.

Patria

El alma de nuestra Patria, que vivificó ese imperio donde no se ponía el sol, en lenta agonía se acerca al ocaso. La Impiedad se apoderó de nuestra Patria, destruyendo la familia. El divorcio legaliza la impiedad y en cadena van cayendo casa sobre casa y así todos nuestros pueblos; lo que nos rodea es un campo de ruinas y desolación. El aborto es el arma con que los impíos secan la fuente de la vida, de la esperanza y de un mañana, y a quién alcanzan a nacer tratan le mancillar su inocencia. Con mezquino egoísmo se esteriliza toda paternidad, los hogares, no son hogares, son un estéril erial invadido de bestias grandes y pequeñas. ¡Pobres ancianos! Apartamos su venerable presencia de nuestra existencia y los olvidamos sin piedad  junto con sus tesoros de historia y experiencia, y una vez eutanasiados, cremamos sus restos porque no tenemos piedad ni con los muertos.

El separatismo desgarra su geografía y borra de su memoria los capítulos más gloriosos y heroicos de su historia. No enseñan ya la verdad en los colegios, no se imparte justicia en los tribunales, nada ayuda a que los pueblos vivan en paz. Partidos rozagantes oprimen al pueblo quebrantado, degradado, depravado por los vicios, sojuzgado por la tiranía de las multinacionales. Partidismos que aborrecen hasta el concepto del bien común. Es impiedad la de los usureros en cada desahucio. Es impiedad la pornografía. Es la misma impiedad quien inspira las artes. El espíritu de este mundo moderno, con su crueldad impía  borra del ayer el apoyo al mañana, y así denigra las tradiciones que les permite a los católicos ser la sal de este mundo antes que terminemos siendo pisoteados por las gentes.S.A.R.

Rey

La impiedad revolucionaria montó la guillotina al Rey. La impiedad liberal y masónica alejó del trono español la dinastía legítima y nos entregó a la impiedad comunista y atea. La Impiedad democrática divide al pueblo en contiendas fratricidas, porque sin padre no hay patrias.

Ahora bien, como Hijos de Dios, requetés de las Españas y vasallos del Rey estamos obligados  a practicar “el agere contra” el “opositum per diametrum”, practicando hasta el heroísmo la piedad, porque o somos piadosos o seremos impíos. Debemos ponernos al servicio de lo que nos engrandece: la Patria; de lo que nos ennoblece: el Rey y de quién nos santifica: Dios.

La piedad es la primera y más perfecta expresión de caridad. Es la piedad el alma vivificante de la Tradición, sin ella no sería más que una ideología híbrida y estéril. Es la piedad la que nos inclina a respetar la memoria de nuestros mayores, amar su legado y trasmitir su bagaje. Por la piedad podemos vivirla, observarla, practicarla, y así heredaremos la Patria Celestial, porque trasmitimos y no traicionamos.

Dios

La Piedad es un don del Espíritu que nos permite ver en Dios al Padre Nuestro que está en los cielos; en María Santísima, a la madre más tierna de todas las madres y la Reina más fuerte que un ejército en orden de batalla. Y en cada miembro de la Iglesia triunfante un aliado en este combate, que es el supremo espectáculo de santos y ángeles.

Nos ayuda para que cada uno de nosotros sea siempre un valiente y piadoso miembro de la Iglesia Militante, soldado del Dios verdadero, dispuesto a rubricar su testimonio con su propia sangre. Piadosos en el rezo del rosario, comulgando de rodillas al Dios a quien debemos los dones magníficos del ser y el existir en cuanto personas y en cuanto a hijos, herederos del cielo.

Patria

Por piedad veneramos la memoria de nuestros padres, amamos su cuna, veneramos sus tumbas, valoramos el tesoro que nos heredaron. Custodiamos los principios que nos  trasmitieron.

Nos enseña Santo Tomas el orden de la caridad: honrando a los padres, honramos a Dios. Honrar a los padres y a la patria es un modo de dar también gloria a Dios, y lo que Dios ha hecho por y para el hombre por medio de la patria y de los padres, nos obliga a piadosa gratitud.

Y como en toda virtud moral, en la piedad se puede pecar por exceso o por defecto, estos son el nacionalismo y el cosmopolitismo de tantos contemporáneos sin patria y nosotros estamos obligados también en esto a guardar con piedad el justo medio que nos enseña la prudencia.

Es la piedad la que nos inclina a respetar las tradiciones que son el alma de una Patria Católica y, solamente si el alma está viva, podemos aspirar a preservar su integridad geográfica, un progreso promisorio y tener el respeto de otros pueblos.

Rey

Por la Piedad también amamos y servimos a nuestro Rey, con piedad de hijos trabajamos por la restauración del Trono.

TEN PIEDAD

Don Sixto: es vuestra Alteza el primer soldado de la Tradición. Este pequeño rebaño se congrega bajo vuestra tutela y amparo, en memoria de la sangre de los Mártires. Por la gloria de vuestros abuelos y la historia de Nuestra Patria, por vuestra lealtad al altar y al trono, tened piedad de la Hispanidad, nuestra más entrañable expresión de la Cristiandad, que piadosa reconoce en Vuestra Alteza el legítimo heredero del trono y el ideal. Conducid a vuestros leales por los caminos de la piedad, a la victoria y la paz.

Requeté: los enemigos externos son malos y los internos, peores. Ingente y eficaz es su fuerza letal, inmensa es nuestra flaqueza mortal. Sed valientes y generosos, esforzados y perseverantes. Ante Dios nunca seréis héroes anónimos. Nuestro mártires, son nuestro honor y en nuestra Comunión, los aliados de mayor fuerza. Al acercarnos a su heroica Caridad no podemos permanecer tibios. Tened  piedad de este lema que es la bandera por la que combatieron los Mártires de la Tradición, por la que lucharon y lucharemos nosotros también; y por la que, en estos momentos decisivos, cada uno de nosotros debemos ser capaces de ofrecer vida y hacienda. Cueste lo que cueste se ha de conseguir, porque, en definitiva, los mártires no lo fueron para ser ponderados, sino, antes bien, para ser imitados.

J.Ramón García Gallardo2No busquemos excusas viendo que le quedan pocas horas al día. La situación apremia ¡La piedad nos urge! Mientras es de día, mientras el Abanderado está con nosotros, desertar la militancia y dejar solo al que lucha es una villanía.

Sufrimos y deploramos que la Tradición no sea servida por las huestes que ella se merece… Pero ¿es que esas huestes pueden crecer con hombres que no han caído en la trinchera del frente sino en el sillón de su casa? ¿Qué ejemplo daremos si rehusamos la militancia con motivos fútiles, con excusas banales? Muchas son las excusas que se oyen antes de escuchar un “presente” decidido y determinado.

Si la política es la búsqueda del bien común, un acto de la más hermosa piedad, no digamos que hacemos política, cuando por lo que vivimos es por conservar egoístamente nuestro confort; pues esto nos convierte en consumistas de lo más santo, consumistas de la peor calaña. El bien común prevalece sobre el bien particular. Pues entonces, el bien común les llama. ¡No se rajen, por piedad!

Es hoy, otro día más en el que nos toca practicar la abnegación, es hoy cuando llega la hora del sacrificio, de hacer lo que cuesta, donde se prueba que el ofertorio de nuestra juventud no fue romanticismo adolescente. Que enamorados de aquello tan sublime por lo que nuestros abuelos dieron la vida, nosotros seremos capaces de amarla tanto que hasta sea posible despreciarnos a nosotros mismos y es así como se construye la Cristiandad.

Santos Papas Píos, salvad a la Iglesia de manos de los impíos.

Virgen Santa del Pilar, por nuestros mártires: ten piedad de España.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, de nuestra Patria y nuestro Rey.

Por piedad ¡Santiago y cierra España!

¡Viva Cristo Rey!

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