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Se celebraron las exequias del Excmo. Sr. D. Alberto Ruiz de Galarreta Mocoroa t.co/qH6g26NcFP

Manuel de Santa Cruz: «Presencia de la unidad católica»

Recaredo I, rey de los Visigodos (Museo del Prado).jpgInsistimos en recordar que el primer domingo de mayo de cada año se celebra el DÍA DE LA UNIDAD CATÓLICA DE ESPAÑA, en conmemoración de la clausura del Tercer Concilio de Toledo en la cual el Rey Recaredo, su esposa y toda la corte, abjuraron del arrianismo y abrazaron la Fe católica haciéndola religión oficial del reino.

Insistir tanto, ¿es bueno o es malo? Según en qué y cómo. Insistir en la difusión del bien es bueno, e insistir en la aceptación del mal es malo. Todos los predicadores se pasan la vida insistiendo en el recuerdo de los versículos evangélicos aunque hay tiempos y territorios en los que no les hacen mucho caso. Por eso nosotros también seguiremos, tozudamente, en mantener siempre presente la reivindicación de la confesionalidad del Estado. Seremos como las vírgenes prudentes de la parábola evangélica, siempre con todo a punto para recibir al esposo. Sabemos que éste se presentará inesperadamente, haciendo verdad la sobada excusa de que ya no hay tiempo. Sería un error gravísimo, culpable, el de las vírgenes necias, que cuando se produzca inesperadamente, con ocasión de uno de los frecuentes vaivenes de nuestra política, la oportunidad de liberarnos de la actual apostasía, no hubiera en los primeros planos de nuestra sociedad un número suficiente de personas mentalizadas y preparadas para proclamar y mantener inmediatamente la restauración firme y formal de nuestra Unidad Católica.

En las grandes crisis políticas de todo tiempo y lugar se ven en las periferias fuerzas al acecho y preparadas para aprovechar la posibilidad de situarse mejor. También en la religión. El Papa Pablo VI afirmó que el “humo se Satanás” se había filtrado en el Concilio Vaticano II. En España, cuando se hizo evidente que la Segunda República se dirigía a una gran crisis total, los católicos tradicionalistas pusieron a punto sus programas. Don Víctor Pradera lo hizo con acento profético inmediatamente antes de la guerra civil, en la que fue asesinado por los rojos, con una obra en dos tomos titulada “El Estado Nuevo”, después editada por la Editora Nacional. Don Luis Hernando de Larramendi lo hizo con su libro, “Cristiandad, tradición y realeza”, que intentó editar al principio de la guerra, pero la censura se lo prohibió. Ha visto la luz en 2016 editado por la fundación Ignacio Larramendi. Unas semanas antes de terminar la guerra, Don Manuel Fal Conde puso en manos de Franco por vía segura un escrito titulado “Manifestación de los Ideales Tradicionalistas a S.E. El Generalísimo y Jefe del Estado”. Después, cuando a lo largo de su gobierno Franco dejaba caer, con dudosa sinceridad, que iba a dar paso político al tradicionalismo, los dirigentes de éste publicaban, con cierta ingenuidad libros de su doctrina.

En Francia, cuando la guerra por la independencia de Argelia apuntaba a un superior conflicto en la metrópoli, los epígonos de la Vandeé redoblaron su labor editorial por si acaso se presentaba una oportunidad de adelantar su situación política.

Todas estas explicaciones, y otras, abocan a la siguiente pregunta socrática: ¿Estamos los católicos españoles de hoy preparados para hacer presente, seria y eficazmente presente, en la coyuntura política y religiosa de cualquier momento (un cambio de Papa, sencillamente, sin ir más lejos) la reivindicación de nuestra Unidad Católica?

Tenemos que corregir un defecto frecuente en la presentación del tema. Es enfocarlo solamente desde un punto de vista pragmático, instrumental, de si la confesionalidad del Estado ayuda o no, y cuanto, al apostolado en general, de sí “trae cuenta” o no. O resaltando excesivamente su capacidad de dar cohesión, unidad y grandeza a la unidad de España. Que se apoya además en otros factores. Silenciando casi siempre su aspecto principal, que es el deber de la sociedad, de toda sociedad, de dar culto público y colectivo a su Creador y Mantenedor, aunque no reportara otros beneficios.

Frente al laicismo he leído en estas páginas la consigna de “repoblar, repoblar y repoblar” los espacios públicos de símbolos religiosos y de mensajes apostólicos. Esto es buenísimo, a condición de no estancarnos en ese proceso, como formando un gueto cómodo y pacifico dentro de una convivencia pactada dentro de una sociedad pagana, y dejando de explicar que debe continuarse y prolongarse hasta su coronación en la confesionalidad del Estado.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/5c/III_Concilio_de_Toledo_%28Museo_del_Prado%29.jpgSiempre p’alante

1/5/2018

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