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LA ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRITA

CRUZ DE LA LEGITIMIDAD PROSCRITA 

La creó Don Jaime III, en carta dirigida el 16 de abril de 1923 desde París a su Jefe-Delegado, el Marqués de Villores, y que manda publicar para conocimiento de todos.

 Su origen está en las noticias que le llegan de persecuciones que sufren sus leales. Se propone conferirla “a todos los que por sus sufrimientos o sus servicios se hagan dignos de ella”, y sólo mientras dure su destierro, cesando –en consecuencia– “cuando la Divina Providencia se digne poner término a éste”. Así, “los condecorados con esta distinción o sus herederos podrán atestiguar públicamente los derechos que han adquirido a mi gratitud y a la de España, por el ejemplo de fidelidad que han dado a todos”.

En cuanto a su estructura, “la Orden constará de tres grados: caballeros, oficiales y comendadores”. En casos excepcionales se reserva el Rey “el derecho de conceder Grandes Cruces”. Igualmente, “no se podrá obtener la Cruz de una Orden superior sin haber tenido antes la de la Orden inferior inmediata; es decir, que antes de ser comendador, habrá de pasar por la categoría de oficial, y antes de ser oficial, por la de caballero”.

Sus insignias consisten “en una Cruz de Covadonga colgada de una cinta con barras verticales negras y verdes; negras, color del duelo del destierro, y verdes, color de la esperanza del triunfo”. La Cruz de Covadonga, cuyo significado no explica, en cambio, el Real Despacho, simboliza también la nueva Reconquista. La cinta “será sencilla para los caballeros, y llevará una pequeña roseta para los oficiales, y otra de mayor tamaño para los comendadores”.

Como Gran Maestre han actuado los Reyes sucesores de Don Jaime, así Don Alfonso Carlos I y Don Javier I. A la muerte de éste en 1977 se prolonga la disputa producida en los años anteriores entre sus dos hijos varones Carlos Hugo y Don Sixto Enrique, aquél ilegitimado según la doctrina tradicional por su deriva ideológica, y convertido éste en Abanderado de la Causa ante la defección de su hermano mayor. Ambos han concedido Cruces de la Legitimidad Proscrita, distinguiéndose Don Sixto Enrique por su gran cautela, que le ha hecho limitarla a casos en que los recipiendarios ostentaban méritos sobresalientes.

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