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La ley LGTB y Podemos.

En su declaración del pasado día 17 de junio de 2017, la Comunión Tradicionalista alertó contra la ley LGTB que en muy breve plazo será votada en el Congreso de los Diputados y señaló cómo los católicos, con las autoridades eclesiásticas a la cabeza, están dispuestas a no darse por enteradas de la tremenda repercusión que, de ser aprobada, puede tener esa ley. ¿Acaso se quiere colar como una de esas leyes subrepticiamente introducidas durante el verano, para que los españoles, entumecida la mente por el calor y los proyectos vacacionales, no tenga capacidad de alterar el cotarro y sólo les quepa echarse las manos a la cabeza cuando dé comienzo el curso escolar? Síntoma alarmante de semejante posibilidad – y de que quizás ya esté todo pactado – es la poca importancia que los medios de comunicación le han dado. Prueben ustedes a preguntar a sus conocidos, y verán que muy pocos saben de la existencia de ese proyecto de ley y casi nadie es consciente de la trascendencia que puede tener para su vida familiar, para la educación de sus hijos y para lo que queda de sanas costumbres en nuestra sociedad.

Pero ahora lo que ahora nos interesa destacar es que sea Podemos el partido que ha presentado ese proyecto de ley. Entre las entradas de carlismo.es se puede hallar una descripción general de la táctica de ese partido, consistente, para decirlo con brevedad, en ponerse a la cabeza de toda clase de reivindicaciones, por incoherente que sean entre sí, con el fin de formar un “pueblo” cuyo voto permita que el partido acceda al poder. Podemos recoge no sólo las reclamaciones económicas y sociales – en cierta medida justas – de los afectados por las trasformaciones capitalistas hechas desde la crisis. Acoge también a colectivos de maricas (LGTBI), a grupos ecologistas, animalistas, especistas, a partidos separatistas e, incluso, hace guiños al catolicismo. Lo cual no le impide reconocer que la ideología de sus líderes es netamente comunista. Sin embargo, a poco que se quiera recordar la Unión Soviética, y otros países comunistas, resulta difícil ver cómo puede conciliarse la ideología comunista con las pretensiones de cualquiera de esos grupos. Sabido es que en la URSS se persiguió la homosexualidad  como inclinación vergonzosa y criminal producida por el capitalismo opresor (no se lo reprochamos); tampoco puede decirse que tuviera preocupación ecologista alguna, ni que hubiera permitido ningún movimiento de sedición, incluso en sus países satélites que fueron salvajemente reprimidos.

Esas agrupaciones, que se introducen dentro de la estructura de Podemos tapándose la nariz, en realidad están haciendo el papel de “tontos útiles” que sólo demasiado tarde se darán cuenta de dónde se han metido. Lo vino a decir Juan Manuel de Prada cuando, hace unos meses, escribió una serie de tres magníficos artículos para criticar el  libro En defensa del populismo,  escrito por Fernández  Liria con la pretensión de fundar filosóficamente el populismo podemita.  En esos artículos Prada desmonta en general las falaces razones de Fernández Liria (inteligentemente expuestas, por lo demás) y, más concretamente, resalta el alto grado de engaño que supone el pretendido acercamiento de Podemos a la religión. En entradas sucesivas de carlismo.es publicamos esos artículos titulados  En defensa del populismo I, II y III.

Tras esas entradas publicaremos otras cuatro que reproducen la contestación que dio r Prada a la réplica de Fernández Liria a los tres artículos sobre su libro. Se titulan Capitalismo y derechos de bragueta I-IV y muestra cómo el juicio de los soviéticos sobre el origen de las perversiones LGTB están plenamente fundadas, contra la idea de Fernández Liria según la cual son “logros de la razón”. Nuevamente saldrá a la luz cuán incoherente es la amalgama de grupos que Podemos tiene por sustento de su pretensiones, a pesar de que cada uno de ellos mira con desprecio o justificada desconfianza a los otros y, todos ellos, no tienen en principio nada de comunistas.

Cabe entonces preguntarse cómo puede mantenerse unida la confabulación de semejante mezcla. La respuesta se halla en un concepto negativo y en una cosa singular: el concepto del enemigo y la persona del líder. Se trata de los dos elementos esenciales de los denominados «movimientos gnósticos», que son un conocido  fenómeno político de la época moderna, no especialmente unido a las izquierdas o a las derechas. De ello hablará un  artículo de José Miguel Gambra titulado Podemos ¿una revolución gnóstica? que colocamos al final de esta serie de artículos.

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