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José Miguel Gambra: Podemos ¿una revolución gnóstica? (II)

Hemos visto en el artículo anterior los dos primeros pasos que dan todos las revoluciones gnósticas. Primero se insiste en la denuncia de una supuesta situación caótica, como la que Podemos cree hallar en España, no sin razón en algunos puntos. Luego se atribuyen todos los males al gobierno, como los podemitas hacen con el gobierno del PP. A estas primeras fases meramente negativas le sigue un tercer momento positivo.

Una vez detectada la raíz de todo mal, se está preparado para el tercer paso, que consiste, según Hoocker, en presentar al acusador como persona de extraordinaria inteligencia, capaz de haber detectado lo que el común de los mortales por sí solos no hubiera podido ni pensar; y en atribuirle también una gran integridad, pues «sólo los hombres singularmente buenos pueden sentirse tan profundamente ofendidos por la existencia del mal». Consiguientemente ese acusador será el que está capacitado para ofrecer una nueva forma de gobierno «que sea el soberano remedio de todos los males». No creo que sea difícil reconocer esa tendencia en los seguidores de Podemos, para quienes, Iglesias representa una especie de redención universal. Alegre Zahonero, por ejemplo, declara sin sonrojarse que Podemos hubiera sido «total y absolutamente imposible» sin el «liderazgo carismático» de Pablo Iglesias.

Dicho sea de paso. Flaco favor le hace al orden social adecuado a la naturaleza humana quien, ahondando en las críticas de los podemitas, denuncia los engaños de las finanzas, de las organización del trabajo, de la estupidizadora influencia de los modernos instrumentos de comunicación, de la manipulación educativa y, en general, el peso de esa losa inmensa que el capitalismo supone para nuestra sociedad. Semejante apoyo, si no va acompañado de una visión positiva del orden social y de sus verdaderos fines,sólo redunda en beneficio del fin totalitario de Podemos. Fin soviético, como todo el mundo sabe, a pesar de que esa formación política lo niega ante sus seguidores, con la esperanza de que, sin hacer más preguntas, entreguen un poder ilimitada su líder y crean que eso resolverá todos los problemas.

Y es que comulgar en las críticas no determina lo que se debe hacer, pues oponerse a algo deja siempre abiertas las infinitas posibilidades que ofrece la contingente actuación del hombre. Creer que la negación es una determinación unívoca y que entraña una sola posibilidad de acción da por supuesto, como invariablemente hace el gnosticismo, que la historia humana tiene un sentido prefijado que se hace cada vez más  patente, según se eliminan los errores actuales. Dejar de lado, incluso momentáneamente, el fin que se debe perseguir, para insistir sólo en lo que, a la vista de sus malos resultados, debe eliminarse es un craso error que cometen cuantos reconocen las justas críticas de los líderes de Podemos, pues ellos sí saben muy bien adónde pretenden llegar y están convencidos de que llegarán ineluctablemente.

(continuará)

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