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Estatuto para Andalucía, vota NO

NO AL ESTATUTO PARA ANDALUCÍA

Nota de la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

El domingo 18 de febrero se celebra en el territorio de la actual comunidad autónoma de Andalucía un referéndum acerca del proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía. Como carlistas, como tradicionalistas —es decir, como defensores de la identidad y continuidad histórica de las Españas— debemos empezar contraponiendo el fuero —el derecho propio, que precede y antecede a la legislación actual, y que no puede legítimamente ser suprimido o modificado por ésta— al Estatuto. Mas tras ciento ochenta años de conculcación absoluta del régimen tradicional de nuestros pueblos, y treinta de desconcierto «autonómico», se ha producido una cierta habituación al anómalo régimen imperante. Anomalía mayor en casos como el de Andalucía, que no es una región, sino varias; sin unidad política hasta 1978, y sin ningún precedente histórico ni unidad cultural que justifiquen la constitución de una «comunidad autónoma», y menos aún de una «nacionalidad». Lo cual señala, además, una de las más perversas características del régimen autonómico: no se trata de un régimen anticentralista, sino de un centralismo multiplicado y uniformizador, que busca acabar con las características propias de los distintos reinos, regiones y municipios forzadamente uncidos al yugo del Estatuto.

Con ser malo el régimen de la Constitución de 1978 y sus Estatutos, la morbosidad del sistema resulta aumentada por la constante reforma, siempre en la dirección de un maximalismo «progresista», fruto en parte de la ideología dominante y en parte de las ambiciones pancistas y fulleras de los políticos profesionales, sus partidos y sus clientelas, estructuras parasitarias en perpetua ampliación, que se han impuesto a nuestras sociedades y que de ellas se sustentan.

En el contexto político del momento, y en la línea de ese «progresismo» maximalista, el proyecto de reforma del Estatuto de Andalucía parte de una supuesta identidad andaluza que se busca en un «diálogo de civilizaciones» rigurosamente falso, pero cuyas veleidades pro mahometanas son evidentes. Las tierras que actualmente forman Andalucía, al igual que las del resto de España, proceden de una misma y única civilización: la cristiana. Cualquier elemento no cristiano es intruso. Mas el nuevo Estatuto ahonda en el sectarismo laicista que caracteriza a los gobiernos de la hora presente, y franquea libremente la puerta a la ideología de género, la política antifamiliar, el control estatal (autonómico) de la enseñanza y de las conductas, la consolidación del aborto, la legalización de la llamada eutanasia, y la larga serie de aberraciones con que el pensamiento «políticamente correcto» nos conduce a la tiranía. Completa también el vaciamiento de funciones del Estado, el cual, si históricamente fue creado contra la organización tradicional de España, constituye hoy la última línea de defensa de su existencia misma.

Aunque en principio la abstención sea una opción legítima en cuanto que expresa el rechazo del sistema, y porque es comprensible que a muchas gentes de bien les repugne mezclar sus votos con los de ciertos partidos nacionalistas, la perversidad del texto que se propone hace que nos parezca necesario acudir a las urnas para votar no.


Comunión Tradicionalista

Febrero 2007

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