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El Serviola: «La Open Society y su género»

El Estado, cuyo pernicioso poder se extendía, no hace mucho, hasta los entresijos últimos de la sociedad política, está hoy debilitado por grupos de presión que operan tanto desde el interior como desde el exterior de los países. Fruto de las teorías modernas sobre la sociedad, el Estado absorbió toda potestad social ajena a sí mismo destruyendo la vitalidad de las sociedades naturales como el municipio, las corporaciones y las universidades. Hoy en día, la globalización somete los estados nacionales a poderes institucionalizados superiores, como la Unión Europea. Pero no sólo los estados sino esas mismas instituciones supranacionales se ven subyugadas por poderes internacionales que copan los medios de comunicación al servicio de grupos financieros o por grupos de presión internos que desafían toda autoridad. Justo castigo, diría uno, a la ilimitada ansia de dominio que caracteriza al Estado, si no fuera porque el Estado, abstracción evanescente, no puede ser castigado y quienes padecen son los miembros de la ciudad, abocados a vivir en un desorden social muy próximo a la completa anarquía. El caso más llamativo y sangrante es el de individuos que en solitario hacen uso de su inmensa fortuna para experimentar con países enteros, como si se tratara de un juego de mesa. El domingo 4 de noviembre XL semanal dedicaba a George Soros su portada y un extenso artículo de Michael Steinberger, aprovechando que Soros anda de gira para mejorar su imagen. Comedido e inteligente, sin lisonja excesiva, el escrito logra, a duras penas, ofrecer un retrato aceptable de ese feroz capitalista, judío, anticristiano e intrigante. Su vida y milagros, dedicadas a poner en práctica las ideas políticas de su maestro Karl Popper, son la mejor refutación de esas ideas. La serie de artículos, copiados de varios autores, que publicaremos en los próximos días, presentan el lado oscuro de tan nefasto personaje y, de manera más general, ejemplifican el caos universal a que está conduciendo el pensamiento político moderno.

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La Open Society y su género

De un tiempo a esta parte se nota la presencia en algunos medios de comunicación de alusiones, menos detalladas y concretas de lo que desearíamos, a una organización gigantesca y un tanto misteriosa llamada Open Society, propiedad de un judío húngaro llamado George Soros. Este tiene 82 años y ha amasado una fortuna de miles de millones de dólares especulando en bolsa y enredando en grandes líos políticos a través de su citada fundación Open Society. Últimamente, financió la oposición a Trump en las elecciones americanas, y en ese intento ha perdido muchos millones y parece que Trump vencedor se está vengando. Anteriormente tuvo enfrentamientos con la política de Eslovenia. Ahora mismo Soros parece involucrado con el separatismo catalán. Por esto nos interesa. Pero no solo por eso, sino, además, por enredos futuros más allá de la duración, aunque sea larga, de la cuestión catalana-madrileña.

«No deje que Soros ría el último». Cartel electoral en Hungría.

Estamos ante un fenómeno sociológico y político relativamente nuevo: La aparición de entidades internacionales gigantescas rivales de estructuras anteriores. En lo estrictamente mercantil guerrean con empresas menores y con los bancos clásicos. Acaba de decir claramente en público una banquera famosa, que el concepto mismo de Banca está en crisis por el enfrentamiento con macro empresas gigantescas internacionales. Por ejemplo: toda la distribución de alimentos en España está en manos de cuatro grandes gigantes: Carrefour, Mercadona, Makro y Consum, que están tomando visos de que sus entrañas funcionan, además, como algo parecido a bancos propios, competitivos de los clásicos.

Un número casi mayoritario y creciente de las operaciones bancarias clásicas, como los pagos del comercio, se hacen con aparatitos electrónicos que los empleados llevan en sus trajes; estas personas ya no aparecen por los bancos. Para defenderse, los bancos tienen que fusionarse los pequeñitos y los grandes y ya no quedaran más que unos pocos bancos grandes.

A lo nuestro, que es un fenómeno similar en la representación política y sus implicaciones religiosas (que son las que nos interesan en esta revista) mediante partidos políticos en los regímenes democráticos. ¿Cómo se financian los partidos políticos y las guerras entre ellos? Es una cuestión clásica de todo tiempo y lugar, que ahora vuelve con lo de la corrupción y el carácter ficticio de no pocas ONGs. Aquí entran en escena esas gigantescas mega multimillonarias, como la Open Society, y otras análogas que constituyen un género nuevo. Pretenden mangonear en política, nacional e internacional, mediante subvenciones, discretas y secretas a grupos políticos muy seleccionados o prefabricados.

Un breve paseo por la antropología sociopolítica descubre un tipo de personas minoritario pero bien definido. Han rebasado el interés por las riquezas materiales y visibles, de la vida diaria, y por las vanidades y la popularidad. La ilusión de sus vidas, es el ejercicio y la concupiscencia de las fuentes del poder, de un poder superior, más grande y extenso que los visibles y conocidos. Son demasiado orgullosos para ser meramente vanidosos y populares, y prefieren pasar desapercibidos y ocultos, manejando con placer solitario organizaciones, redes y teléfonos secretos. Vuelve aquí otra cuestión antigua: ¿Qué es una sociedad secreta? ¿Las decisiones presentes y futuras desconocidas del Consejo de Administración de una empresa dan a esta, por ser desconocidas, el carácter de sociedad secreta? ¿Lo oculto es siempre sinónimo de secreto? Estos son conceptos que hay que revisar y actualizar.

Es una ley universal que en tiempo de guerra y de grandes sustos los servicios de información aumentan sus presupuestos, actividades y hallazgos. Así, en la GMII, se descubrió en Marsella la Sinarquía; después los Bilderberger y la Trilateral, el Banco Ambrosiano, las mafias mahometanas, y ahora, en España, con motivo de la crisis catalana-madrileña, la Open Society.

De manera parecida a como las empresas internacionales, con miles de empleados tienen asustados a los pequeños bancos clásicos, según hemos apuntado, los partidos y grupos políticos convencionales, los cuerpos intermedios de la sociedad, las ONGs, etc., deben VIGILAR Y GUARDARSE permanentemente de esas misteriosas y gigantescas asociaciones que en un momento dado pueden utilizarse mediante subvenciones, para sus fines propios desconocidos y distintos de los declarados. También los servicios de seguridad del Estado. Y aún la misma Iglesia.

El Serviola

Siempre p’alante nº 794.

16 noviembre 2017

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