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Discurso de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón en la Festividad de los Mártires de la Tradición

No quiero hablar mucho, porque estos discursos son tan fundamentales que no hay que olvidarlos por algunas palabras de más. Quisiera solamente comunicar cuán fundamental es para mí estar con vosotros todo el tiempo, como es mi esperanza. Estaba pensando en que la tradición es repetición, pero es fundamental que esté repetida de tal manera que nosotros seamos capaces de expresar su aliento. Es importante que también se pueda recordar en discursos como estos que son fundamentales. Agradezco muchísimo las palabras tan importantes como las que hemos escuchado hoy.

Quisiera solamente recordar que estoy viviendo fuera de España, en Francia. Y en Francia hay un movimiento extraño que se llaman “los chalecos amarillos” – no sé si lo han escuchado – que es un movimiento muy interesante de reacción popular a la situación lamentable de la democracia francesa, que ha llegado a ser tan perversa que está totalmente podrida, y mucha gente reacciona sin saber qué decir, pero es querer reaccionar. Es muy importante esto. Los chalecos amarillos, que tienen toda mi amistad y toda mi simpatía, tienen un gran problema, y es que no son españoles.

No saben de tradición, esto es lo fundamental. No saben entender la situación como tiene que ser entendida conforme a los elementos de la fe, del combate y las luchas que el carlismo ha sabido mantener y que ellos no han sabido hasta ahora conocer. Pero es muy interesante que sepan que hay que reaccionar, que hay que demostrar un descontento internacional. Y esto es un fin muy importante, pero no van a conseguir nada porque no tienen tradición. Son muy simpáticos, muy nuestros, pero no tienen formación intelectual ni histórica.

Además, no tienen la suerte que nosotros sí tenemos, la de saber lo qué es la fe, la esperanza; la suerte de saber realmente lo que es el combate, el combate carlista de 150 años o más, que ellos no tuvieron. Ellos no saben de esto, ellos no saben que, si hay que combatir, hay que combatir con un proyecto. Un proyecto lo tenemos nosotros los carlistas, ellos no tienen proyectos. No tienen tampoco jerarquía, y para conseguir una victoria hay que mantener una jerarquía, no tienen jerarquía. Van a perder, aunque son una reacción muy compacta, muy nuestra; ellos quisieran salvar el país, pero no lo van a salvar porque no son españoles, no son carlistas.

La verdad también es que hay que mantener la jerarquía, hay que tener un cierto concepto intelectual que lo da el cristianismo. Esto ya no existe, ni es interesante tampoco como moda, de manera que ellos no saben; ellos esperan, pero no saben cómo esperar ni de qué manera esperar. Yo les tengo una simpatía enorme, pero tengo poca esperanza. Ellos tendrían que ser carlistas; y no lo son, por desgracia para ellos.

Ahora quiero volver a España. España tiene todo esto; lo que pasa es que, en la realidad, España se está reduciendo muchísimo, en su realidad geográfica y también de manera intelectual y política. Yo no creo en España – y perdón por la expresión–; yo creo en el Imperio Español. Yo quiero una reconquista del Imperio Español. No sé cómo, pero tenemos que mantener el Imperio Español, esos virreinatos que ya no existen. Estoy totalmente a favor de una tentativa nuestra de volver a lo que fueron estos países que fueron nuestros y que constituían un imperio internacional muy español, como Dios manda. Espero que puedan entender que yo creo en España, pero en una España Imperial, no en una España republicana ni nada parecido. Por eso tenemos que poner totalmente nuestras esperanzas en reconquistar, de una manera u otra, el Imperio Español como estaba antes de que los ingleses que se metieran de por medio. No podemos esperar que España retroceda, tenemos que esperar una España reconquistada por ella misma a través del Imperio que tuvo y que hoy se conoce como el Nuevo Mundo. Porque es importante acordarse de que España estaba reinando en el mundo de entonces, porque tenía este poder, un poder que era geográfico, cultural, pero también era espiritual. Si nos olvidamos de eso, nos olvidamos también de España.  España no puede vivir sin el Impero. Quiero reconquistar el Impero para reconquistar España, aunque pueda parecer iluso.

Ahora quiero decir algo importante, que también estos “chalecos amarillos” van a tratar de mantenerse, aunque no tienen realmente jerarquía. Nosotros tenemos jerarquía. No tienen ellos fe, como nosotros que tenemos esa fe. No podemos tener solo lo que tienen ellos, el poder imparable de luchar política, militar y paramilitarmente. Creo que España tuvo siempre esto, el concepto de la lucha nacional, militar y paramilitar. Así los requetés consiguieron realmente la victoria del 36-39; es por el carlismo, y la gente olvida que la Falange fue simpática pero muy limitada y que el carlismo nunca fue limitado. Esta es la fuerza del carlismo. Y creo que estamos en esto: volver a la lucha militarmente y sobre todo paramilitarmente; por eso están estos jóvenes aquí – ¡entre comillas lo de jóvenes! –. Y me alegro de constatar esta situación tan fuerte: que el carlismo no muere porque cada generación vuelve a ser carlista.

Agradezco mucho a estas generaciones aquí presentes. La verdad es que quiero que ustedes sepan que tenemos una jerarquía fenomenal, gracias a ustedes y no gracias a mí, a ustedes. Y que esta jerarquía la debemos mantener, porque si no la mantenemos, vamos a terminar muy mal, un desastre total. Tenemos que volver a la jerarquía, tenemos que volver a la recuperación de estas fuerzas básicas que ustedes demuestran por supuesto. Agradezco mucho a esta jerarquía que ustedes han sabido aceptar y desarrollar, el sermón y los discursos políticos. Creo que con estas pocas palabras sabrán que yo estoy siempre con vosotros, día y noche, año por año, hasta que Dios me llame, que no será dentro de mucho. Hasta muy pronto, adiós y gracias.

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