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Círculo Cultural Antonio Molle Lazo: Santa y feliz Pascua Florida t.co/RSlTudtcse

La Comunión Tradicionalista les desea una feliz Pascua Florida. Resurrexit, sicut dixit, alleluia!

30 de marzo: Mártires de la Tradición en Villarrobledo t.co/meogcv5kuk

Crónica de la Festividad de los Mártires de la Tradición 2019 en El Pardo

 

La ya tradicional celebración de los actos centrales con motivo de la Festividad de los Mártires de la Tradición en El Pardo reprodujo los pasos de años anteriores. Como de costumbre, primero la Santa Misa en sufragio por los Mártires en el santuario del Santísimo Cristo, por los muertos en combate y por quienes padecieron de todas las maneras posibles en defensa de del ideario carlista. Ideario que empieza por Dios y, sin Él, nada de lo que sigue tiene sentido. Luego del Oriamendi a la salida del Santuario, la comida en un restaurante cercano, presidida por S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. Tienda carlista, comida de hermandad, acto político y  discursos, imposición de boinas, y de nuevo el Oriamendi. Como todos los años precedentes pero diferente a todos ellos. Diferente el sermón del Padre Gallardo, renovados oradores y discursos ante las nuevas circunstancias de nuestra Patria y del mundo y, sobre todo, una alocución especialmente importante de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón.

Los acordes de la Marcha Real recibieron a S.A.R. que ocupó el sitial del Presbiterio, junto al Jefe Delegado, José Miguel Gambra y a José de Armas. A los dos lados del Altar Jaime Alonso y Javier Fernández Sandoval, presidentes de los círculos de Vigo y Sevilla, custodiaron las banderas española y carlista que, a la hora del Alzar, cuando sonó nuevamente la Marcha Real, rindieron ante la presencia del Rey de Reyes.

Solemne, profundo, alentador, el sermón del Padre José Ramón García Gallardo descendió desde la teología del martirio al martirio de San Andrés, a la bandera que con su Cruz, la de  Borgoña, enarbolan los carlistas para entregar sus penalidades a la Virgen Dolorosa, patrona de sus tercios. «Quiero concluir encomendándoos a la Generala de Nuestros Ejércitos, a la Dolorosa. Su Corazón Doloroso e Inmaculado y el Santo Rosario, son nuestras últimas prendas de Victoria. Él es toda la razón de nuestra esperanza. ¡Triunfará!»

Muchos fueron los discursos al final del acto. Muchos, pero breves y hasta brevísimos, cada uno denso y bien pensado dentro de su concisión. El conjunto de oradores fueron presentados, con su elegancia retórica característica, por José de Armas que, además, dio a conocer algunas novedades, como la reaparición de La Esperanza, crónica de la vida de la Comunión que vuelve a publicarse después de ocho años de pausa, y la recentísima publicación del libro de José Miguel Gambra titulado La sociedad tradicional y sus enemigos, en la editorial Guillermo Escolar.

Por medio de ejemplos muy atinados, Fernando Andina, Ingeniero informático y, a la vez, carlista, puso de manifiesto cómo los mayores adelantos de la técnica tienen unas carencias radicales que les impiden llegar adonde el carlismo alcanza. Las inteligencias artificiales, los mejores especialistas o las ideologías políticas de la modernidad son incapaces de ir más allá de la correlación de datos. Son instrumentos aptos para construir historias o sistemas recurriendo a la infinidad de datos compilados; pero lo que generan, por atractivo que sea, es pura falsedad, pura basura, invención inepta para determinar si son verdad o si apuntan a un fin. Eso, en cambio, sí puede hacerlo el carlismo, que a diferencia de la técnica tiene la facultad de reflexionar sobre su propia actividad y de saber el fin al que debe tender. Por eso, el carlismo está en la cresta de la ola y siempre lo estará, concluyó.

 

Tras tan lúcido y nuevo discurso, Maurizio Di Giovine pronunció unas breves palabras para recordar cómo la labor de Elías de Tejada renovó la conciencia hispánica latente en la Península Italiana; y cómo, desde entonces, un nutrido y activo grupo mantiene en el reino de Nápoles la conciencia histórica de ser una parte importante de las Españas.

Alfredo Allué, coordinador de la zona noroeste de la Candidatura Tradicionalista y recientemente nombrado adjunto a la Secretaría Política, comenzó citando la máxima más conocida del liberalismo para, luego, resaltar cómo su heredero globalizado, el llamado Nuevo Orden Mundial, se ha empeñado en acogotar las resistencias con legislaciones que quieren educar y tapar la boca de unas disidencias cada vez más poderosas. Aunque mal dirigidos por derroteros estériles, es evidente que una gran masa de españoles de buena fe ha empezado a rebelarse contra tanta coacción y a ellos es las que debemos dirigir principalmente nuestra atención. Nuestra actividad, tengamos o no la seguridad de alcanzar inmediatamente los ideales de nuestro lema, siempre ha de ser denodada y no puede descansar hasta el día en que muramos, siguiendo el ejemplo de quienes nos han precedido en la senda carlista.

Pronunciado el alentador discurso, Eugenio Dobrynine quiso ofrecer a S.A.R. la insignia de los rusos que participaron en los tercios durante la Cruzada de Liberación. En estos dos pueblos – dijo –, el ruso y el español, tan distantes en el espacio pero similares en ideales políticos y en tantas cosas, quizás resida la esperanza de una reforma de lo que queda de Europa y, con emotivo gesto, se despojó de su insignia y la colocó en la solapa del Abanderado de la Tradición.

Tomo seguidamente la palabra José Miguel Gambra, Jefe Delegado de la comunión Tradicionalista que dedicó lo principal de sus palabras a la Candidatura Tradicionalista (CTRAD), instrumento acorde con la legalidad vigente para obrar dentro de esa legalidad en orden a que deje de estar vigente. Destacó el nombramiento de Alfredo Allué, de Fernando Andina y de Diego Baño como miembros de un nuevo organismo para apoyar a la Secretaría Política que se encargará prioritariamente de la CTRAD y, en la misma tónica de Allué, acabó recordando la máxima de Carlos VII: ¡Adelante, adelante! Salvar a España o morir por ella.

En fin, momento de todos esperado, Don Sixto Enrique de Borbón tuvo a bien tomar la palabra y pronunciar un histórico discurso que será transcrito para su publicación en esta página. Tras agradecer los discursos pronunciados, recordó que su vida transcurre en Francia y que allí se ha producido un movimiento de extraño nombre, el de «los chalecos amarillos», que tiene todas sus simpatías porque responde a una reacción espontánea contra el orden revolucionario. Pero –continuó– a los que dirigen ese movimiento les falta algo: carecen de formación y doctrina, les falta la fe y la esperanza cristiana, les falta un proyecto y una jerarquía. Les falta, en suma, ser españoles y ser carlistas; no han sabido mantener la fe, el ideario, la finalidad y el orden jerárquico, les falta el cristianismo; esperan, pero no saben cómo esperar y, por eso, no van a conseguir nada. Luego volvió a España, que tiene todo eso, aunque España se está reduciendo muchísimo. «Yo no creo en España – y perdón por la expresión – sino en el Imperio Español que tenemos que reconquistar, de una manera o de otra, porque sin esos Virreinatos sobre los cuales España tenía un poder geográfico, cultural y espiritual no se puede esperar que España se recupere por ella misma. Yo quiero recuperar el imperio Español para recuperar España, aunque suene ilusorio. Y a ese fin – continuó, enlazando con el primer tema – es de la mayor importancia mantener la jerarquía de cuya falta adolecen los chalecos amarillos». Gracias a ella el carlismo, fuerza paramilitar como lo es el requeté, que se renueva generación tras generación, pudo luchar y vencer en la guerra del 36. Acabó recalcando que «tenemos una jerarquía fenomenal» que hemos de mantener, sostener y desarrollar porque, en otro caso, caeremos en un desorden total y acabaremos muy mal. «Creo que estas palabras – terminó – harán evidente que siempre estaré con vosotros, de día y de noche, año por año, hasta que Dios me llame».

Una estruendosa ovación acogió este discurso; los asistentes entonaron con fervor el Oriamendi para acabar con los gritos de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Rey! ¡Viva Don Sixto! Aún retomó la palabra S.A.R. para recordar piadosamente a sus padres y especialmente a su madre, cuya intervención tanta importancia tuvo a la hora de resolver los problemas que su familia ha padecido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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