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Los deberes para con la Patria. Audio de la conferencia pronunciada en Madrid el pasado 14 de abril por el Prof. Jo… t.co/xwE8Ji5Ro6

Celebración de los Mártires de la Tradición en El Pardo (Madrid)

A las diez y media del lluvioso 10 de marzo, festividad de los Mártires de la Tradición, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón penetró en la Iglesia del Santo Cristo de El Pardo a los sones de la Marcha Real. Precedido por el Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, tomó asiento en el presbiterio e inmediatamente dio comienzo el Santo Sacrificio de la Misa. Fue oficiada  según el rito de San Pío V por el Padre don José Ramón García Gallardo. Su sermón, extraordinario como siempre, empezó por recordar el lado místico de la celebración, que une a la ofrenda del sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo en el altar de la Iglesia al sacrificio de los mártires de la tradición en el altar de la Patria, para realzar luego su lado ascético: «En estos momentos – dijo – en que el desánimo nos acecha y el cansancio nos coge la garganta, la perplejidad y agotamiento de nuestras exiguas fuerzas vuelven hoy a resarcirse; vuelven hoy a rehacerse en esta fuente de agua viva que es el sacrificio de la Santa Misa. Con él todo lo podemos, con él todo es posible, sobre todo cuando lo que cumplimos y hacemos es la santa voluntad de Nuestro Señor y no la nuestra. ¡Soldados de la Tradición! Tenéis un puesto en la gloria y, para alcanzarlo y merecerlo, ésta es nuestra hora, éste es el terreno de nuestro combate. Para que seamos partícipes con nuestros héroes y nuestros santos de la Iglesia triunfante, fieles, perseverantes, constantes y sin traiciones, se nos pide que guardemos nuestros puestos en la militancia católica y en la militancia patriótica».

Finalizada la Misa por los Mártires de la Tradición, S.A.R. se desplazó hasta el restaurante donde se había de celebrar la comida de hermandad y el acto político. Mientras se ultimaban los preparativos, Don Sixto Enrique de Borbón recibió y departió por turno con los muchos leales que deseaban prestarle homenaje. Hacia las 13:00, entró S.A.R. en el comedor, siendo recibido por el caluroso aplauso de los 130 asistentes. En el mercadillo allí instalado pudieron comprar la medalla del cuadragésimo aniversario de Don Javier, las boinas, las nuevas escarapelas así como banderas y recuerdos carlistas. Poco antes de comenzar el almuerzo, tuvo lugar la imposición de boinas a cuantos no la habían recibido en años anteriores. Su elevado número hizo que esa ceremonia se prolongara más de lo esperado.

Terminada la comida de hermandad, empezó el acto político con las palabras Jaime Alonso, presidente del Círculo Tradicionalista de Vigo Juan José Marcó del Pont. Su discurso se centró en los mártires de la tradición que por antonomasia, es decir, en los que dieron su vida en el combate y en la trinchera, como cruzados de la Santa Causa. Señaló cómo ellos fueron herederos del pueblo español, ejemplo como ninguno ese carácter, «empezando por nuestro Santo Apóstol Santiago, el primer apóstol mártir de Nuestro Señor y, también, el primer apóstol cruzado, símbolo del espíritu de nuestra historia. No en vano la Cruz de Santiago, que es a la vez cruz y espada, representa la muerte en forma de martirio y el tomar la espada en nombre de Cristo». A estas bellas palabras, recibidas con granes aplausos, siguió la intervención de Jesús Teira, que expuso la labor llevada a cabo en el círculo de Salamanca por él presidido y el sentido general del trabajo realizado en esas asociaciones regionales.

Siguió el discurso de Francesco Maurizio di Giovine, delegado napolitano de la Comunión Tradicionalista.  Breve, cálido y sentido, puso de manifiesto la pervivencia de los ideales tradicionalistas y de la lealtad a la corona en el Reino de Nápoles, recordando la figura de un voluntario napolitano,  oficial de artillería, que entregó la vida en 1874, durante la tercera guerra carlista.

Tomó luego la palabra S.A.R. Don Sixto Enrique. En el exordio agradeció la nutrida presencia de tantos carlistas y, muy especialmente, la de la familia del general Sanjurjo, que no sólo salvó a España, sino a todo el Occidente, de la perversa amenaza marxista.  Su discurso, dedicado a la memoria de su Padre,  recordó, con motivo del aniversario de la primera guerra mundial, el importantísimo papel que jugó Don Javier I para alcanzar un acuerdo de paz en 1916. Su interesantísima intervención, auténtica lección de geopolítica tradicionalista, resaltó las perniciosas intrigas de Inglaterra para provocar la guerra entre Rusia y Alemania en orden a frenar, para beneficio propio, el enorme crecimiento industrial de esos dos países. Narró cómo, mediada la contienda y con las armas a su favor, el emperador Carlos I, casado con Doña Zita, hermana de Javier I, envió a éste último y a su hermano Sixto, para que negociaran una paz  ventajosa para los aliados;  y puso de relieve cómo esa gestión obtuvo un éxito total ante el gobierno de Francia y de Inglaterra que ya por entonces era contrario a la guerra. De no haber sido por los manejos del siniestro Clemenceau – concluyó – el millón de muertos que produjo la continuación de la contienda hasta el 2018 no hubiera provocado la destrucción de la élite de toda una generación en los países beligerantes.

Finalizados los aplausos que siguieron a la intervención de su S.A.R., un miembro de su Secretaría Política cerró el acto con un l discurso tan un tonificante como alentador. Recordó el carácter “guadianesco” del carlismo, poderoso por lo general, pero demacrado a veces. Ya han pasado, vino a decir, los tristes acontecimientos de épocas recientes que dejaron un carlismo depauperado y dividido. Hoy la certeza intelectual de que tenemos razón y la seguridad moral de nunca seremos héroes anónimos van produciendo frutos cada vez más visibles, como es patente en esta celebración de abrumadora presencia juvenil. Las ovaciones dedicadas a Don Sixto y los oradores hubieron de ser acalladas para dar fin al acto entonando con fervor el Oriamendi.

 

 

 

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