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«Ante “la opción benedictina”, “la opción española”». Artículo de Manuel de Santa Cruz

La siempre grata conmemoración anual de la GRAN VICTORIA CRISTIANA DEL 1º DE ABRIL DE 1939, nos trae este año, al pelo, entusiasmo e ideas para detener una nubecilla tóxica que, como casi todas, nos viene del extranjero. Su nombre es «La Opción Benedictina». Ese es también el título de su libro de cabecera que está distribuyendo en edición española, Ediciones Encuentro, de Madrid. Esta editorial, cargada de méritos con la Iglesia en España, acaba de meter la pata con la edición de este libro, porque es un buen servicio al derrotismo católico. Un tropezón cualquiera da en la vida.

Ya en la portada el libro profesa una premisa falsa: «Una estrategia para los cristianos en una sociedad postcristiana». Luego, dice que «es de noche». Eso, será más o menos cierto en El Bronx y en Harlem, pero aquí, no. Acabamos de ver a 24.600 navarros y de toda España peregrinando a pie al Castillo de Javier; y otros muchos que se han quedado en casa, cantan «volverá a reír la primavera», y «arriba escuadras a vencer»… etc. De derrotismo postcristiano, aquí, nada. Otra cosa es que estén mal mandados y traicionados.

En el Prólogo leemos: «El libro tiene la finalidad de organizar y sistematizar estos proyectos de vida que son exitosos pero están dispersos». Además no los presentan como «obligación», sino como «opción». Todos los libros de cabecera empiezan diciendo lo mismo, eso, pero luego…

«La tesis central de la presente obra» viene clara y honestamente resumida en la contraportada, así:

«En un mundo como el actual, que sería semejante a aquel que vio el fin del Imperio Romano con la llegada de los bárbaros, es necesario actuar del mismo modo como lo hizo en su día San Benito de Nursia, al alejarse de Roma y dedicarse, en palabras del filósofo Alasdair Macintyre, a la construcción de nuevas formas de comunidad dentro de las cuales pudiera continuar la vida moral de tal modo que moralidad y civilidad sobrevivieran a la época de barbarie y oscuridad que se avecinaba».

En el Prólogo se aclara aún más: «…en lugar de apuntalar un Imperio Romano que se desmoronaba, decidió, (San Benito) construir unas formas de vida» … retirándose del escenario político sin combatir, sin «aguantar el tipo» como en la Opción Española. Ya tenemos aquí bastantes pusilánimes y afeminados con los de la democracia cristiana, para que vengan ahora a sugerirnos una retirada.

La Conclusión es algo pretenciosa: «el que tenga oídos para oír que oiga. El mensaje que el Espíritu está lanzando a las Iglesias».

Ese planteamiento ignora que la red de monasterios con que San Benito pobló Europa hubiera sido desmantelada por los mahometanos si estos no hubieran sido detenidos militarmente por Don Pelayo, Carlos Martel, Sobieski y otros, en las Navas de Tolosa, en los Campos Cataláunicos, Lepanto, WadRass, etc…

Ese truco de unas jerarquías paralelas pacíficas le duraría a un Estado moderno lo que aplastarlas de un manotazo, como hizo Mussolini en 1929 cuando saltó sobre la Acción Católica Italiana, y después hicieron los comunistas, los nazis, los rojos españoles y los reinos coránicos. Sin un respaldo político mínimo, o por lo menos neutral, la Iglesia no florece. De aquí que juzguemos como una locura político-religiosa y suicida la renuncia sin combatir a la presión y conquista políticas. Ya lo señaló lúcidamente Charles Maurras cuando formuló su famosa consigna de: «politique d’abord», (en sentido de praxis, no en sentido doctrinal).

No nos pongamos nerviosos, ni se nos ocurra abandonar nuestro puesto frente al Enemigo. La historia de la Iglesia está llena de páginas negras que se han ido pasando. De postcristianismo, nada. De reconstrucción del Imperio Católico Español, todas nuestras vidas.

¿En qué consistiría, pues, la OPCIÓN ESPAÑOLA? En el cultivo, praxis y doctrina de la «guerra justa» según el Magisterio de la Iglesia y la «Carta Colectiva de los Obispos Españoles», de 1º de julio de 1937. Si en un hipotético futuro, que Dios no permita, el Enemigo cruzara unas líneas rojas en defensa de la Ley Natural y de la libertad para la única Iglesia Verdadera, y se configurara sobre España una auténtica y verdadera sociedad postcristiana, la «Opción Española», para los españoles, no sería correr a retirarse sin combatir a unos monasterios o sacristías, a fabricar pastas de té y chucherías, sino a empuñar las armas. Si vis pacem, para bellum. Volverían los gritos emocionantes de «¡Arriba España!» o el de don Carlos VII, «¡Volveré!».

Manuel de Santa Cruz

Siempre p’alante. nº 825. 1/4/2019

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