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¡Alto a la supresión y fusión de municipios!

¡La obra de la reconquista ha de ser respetada!

 

 

En el desnaturalizado ámbito autonómico se ha iniciado una ofensiva en favor de la fusión de Municipios, como paso previo a una gradual supresión de los mismos. Así, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, la coalición liberal conservadora del Partido Popular con el jacobinismo liberal extremo de Ciudadanos supone una amenaza para la integridad y número de Municipios existentes. El Consejero “liberal-espontaneista” Francisco Igea, de Ciudadanos, se ha rodeado de una serie de acólitos defensores a ultranza de esta opción (alguno de ellos denominado popularmente como el cierrapueblos). Sin embargo, ante la posibilidad de que se iniciara una reacción ante dichos planteamientos, la estrategia parece haber derivado en el intento de realizar una nueva “desamortización” consistente en ir cerrando servicios públicos esenciales para la salud (ambulatorios, centros de día, asistenciales…) con el fin de lograr el objetivo último, que se daría indefectiblemente: el cierre, por ahogamiento,  de las entidades municipales, que, junto con la familia, son células básicas de convivencia que vertebran unidades sociales basadas en la afectividad y en la búsqueda del bien común.

El Municipio ha sido siempre enemigo del Liberalismo, pues su existencia se entronca íntimamente con la idea de Patria. Es una obra colosal de la Reconquista. El Municipio nace en los albores del Siglo X y se va estableciendo según avance la Reconquista, a partir de un territorio que se extiende al norte de los ríos Duero y Ebro.

A partir de la asunción del liberalismo en España se comienza a reducir progresivamente el número de Municipios, cuestión ésta que guarda íntima relación con la obra cumbre de la depredación liberal: la desamortización, la cual, en sus diferentes y dañinas facetas destruye la autonomía municipal. Así, con la última desamortización, se despoja a los municipios de las tierras y montes comunales mediante expropiación forzosa de terrenos que servían de sustento complementario a la economía campesina. Esta modificación del sistema de propiedad del Antiguo Régimen (que ya comenzó con la corte ilustrada de Carlos III y siguió con los liberales decimonónicos) supuso un revés económico para los pueblos y la sustitución de la autoridad municipal por el más oscuro caciquismo, lo que destruyó los sistemas de vida de estas organizaciones populares como el uso común de los pastos o la recolección de frutos.

Las desamortizaciones supusieron un daño irreversible al patrimonio natural español, pues una vez vendida la propiedad comunal se procedió a una salvaje deforestación, hoy perceptible; agudizando la desertización del suelo patrio y dañando multitud de especies animales y vegetales; todo ello en beneficio de una nueva oligarquía amamantada a los pechos del sistema constitucional de la monarquía usurpadora del Siglo XIX.

Ante los nuevos modos de desamortización, sutiles o burdos, que desde las entidades centralizadoras de las Comunidades Autónomas se quieren imponer, los carlistas nos confrontaremos activamente contra cualquier intento de suprimir o fusionar burdamente las entidades municipales o, de manera más sutil y tecnocrática, despojando a éstas de servicios que son esenciales con el fin último de acabar con unas instituciones milenarias que a lo largo de casi doce siglos han mantenido la tradición viva de las Españas.

COMUNIÓN TRADICIONALISTA

 

 

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