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Manuel de Santa Cruz: ¿Laicidad o confesionalidad católica del estado?

 

Su Santidad el Papa Francisco, en reciente visita a Río de Janeiro, ha manifestado que “La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia de la dimensión religiosa en la sociedad, favoreciendo sus expresiones más concretas”. Lo ha hecho en forma notablemente distinta y divergente de textos numerosísimos de otros Pontífices. No lo ha hecho “ex cathedra” sino de manera muy diferente a las formalidades de su magisterio infalible.

Sus palabras han hecho rebrotar en España una cuestión disimulada, la pugna endémica entre el Estado laico y el confesional católico. Cuestión antigua, a veces sangrienta, que llena los siglos XIX y XX, y que ahora se va a adentrar en el siglo XXI, porque va a ser asunto de larga cola, como lo fueron y lo siguen siendo los de Acción Francesa y el de los Cristeros mejicanos.

Aparece ahora en ellos una versión a escala menor, la de si se puede, o no, ser carlista y a la vez laicista. Si es, o no, correcto llamar carlistas a los laicistas.

Apenas llegaron a España las primeras noticias de este discurso papal, la Comunión Tradicionalista, por medio de la Secretaría Política de S.A.R. D. Sixto de Borbón, publicó el 2 de agosto una nota breve pero muy clara a favor de la confesionalidad católica del Estado y en contra de la laicidad, favorecida por el discurso pontificio en Brasil con resonancia universal. Un grupo de sedicentes carlistas la ha replicado con una “Aclaración de la Comunión Tradicionalista Carlista sobre la acción de los católicos en política”.- Más propio hubiera sido que esa “aclaración” se hubiera dedicado a las formas ortodoxas según la propia teología católica, que las hay, de comentar las distintas clases de manifestaciones de un Papa, y que se hubiera ceñido a las palabras que comentamos.

Ni menciona las palabras laicidad y confesionalidad. Y que hubiera certificado que ese grupo ha hecho alguna vez campañas a favor de la confesionalidad católica del Estado, cosa que no consta. En el seno de un texto caótico, la tal “Aclaración” aduce para zafarse de la disyuntiva ahora planteada entre laicidad y confesionalidad que le acorrala, unas palabras del Manifiesto de Morentin, del Rey Don Carlos VII, en el que decía que no daría «ni un paso más adelante ni más atrás que la Iglesia de Jesucristo». Este texto, que se exhuma siempre que alguien quiere asemejar al carlismo a una democracia cristiana conservadora, fue la salida a una trampa que le tendían en una campaña electoral acerca de si aprobaba, o no, la aceptación de los bienes de la desamortización. Prueba de que no tenía otra aplicación ni pretensiones doctrinales, fue que los requetés se sumaron al Glorioso Alzamiento del 18 de julio, antes que lo hiciera la Iglesia mucho después.

Para el futuro sería bueno que aclararan los siguientes extremos:

¿Cómo entienden los simpatizantes de esa Aclaración el punto primero “Dios”, del lema carlista “Dios-Patria-Fueros- Rey”? ¿Se refiere a la devoción de los Trece Martes de San Antonio, o a la confesionalidad católica del Estado?

¿Cómo entienden la palabra “Dios” cantada en la Marcha de Oriamendi?

¿Cómo entienden el grito de “¡Viva Cristo Rey!” con el que tantos católicos, carlistas y no carlistas murieron por oponerse al laicismo y postular la confesionalidad católica del Estado? ¿En las Misas de los Mártires de la Tradición dirán que murieron por un Estado laico y favorecedor de las sectas?

El Rey Don Alfonso Carlos en su Real Decreto de 23-1-1936, dijo: “Tanto el Regente en sus cometidos, como las circunstancias y aceptación de mi sucesor, debe deberán ajustarse, respetándoles intangibles, a los fundamentos de la legitimidad española, a saber: I) “La Religión Católica Apostólica Romana, con la unidad y consecuencias jurídicas con que fue amada y servida tradicionalmente en nuestros Reinos “(…) V) “Los principios y espíritu y en cuanto sea prácticamente posible, el mismo Estado de Derecho y legislativo anterior al mal llamado Derecho Nuevo“. Aunque me consta el enorme bagaje cultural de los neocarlolaicistas aclararé que el “mal llamado Derecho Nuevo” es el liberalismo y laicismo nacidos de la Revolución Francesa. Estos conceptos y el famoso lema “Dios- Patria- Fueros- Rey” son definitorios del Carlismo. Fuera de ellos solo se pueden encontrar usurpaciones y fraudes semánticos. Después de la benevolencia de S.S. Francisco I con la laicidad, etc., cabe preguntar nuevamente a los neocarlolaicistas, como piensan cumplir los requisitos transcritos establecidos por el Rey Don Alfonso Carlos.

Si no se aclara la situación, me ofrezco a publicar transcripciones de las encíclicas Quanta Cura y Syllabus, de Pío IX, Vehementer Nos de San Pío X, Quas Primas de Pío XI, y de muchos otros documentos eclesiásticos del más alto nivel contra la laicidad. Todos construidos no solamente sobre pensamientos de sus autores, santos y sabios respetabilísimos, sino, además, sobre textos de las Sagradas Escrituras.

Madrid, agosto de 2013
Manuel de SANTA CRUZ

 

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