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Juan Vázquez de Mella: Obras completas, volumen I

VazquezdeMellaJuan Vázquez de Mella nació en Cangas de Onís (Principado de Asturias) en el año de 1861. Su padre, pertenecía a una familia de militares que contaban entre sus miembros a algunos carlistas de renombre, pero él no parece que comulgase con sus ideas. Su madre, Teresa Fanjul, mujer piadosa a la antigua usanza, hubo de hacerse cargo de su educación desde que enviudó, siendo Juan muy niño. Estudió la segunda enseñanza en el Colegio de Valdediós, antiguo seminario de la diócesis de Oviedo, y se licenció en Derecho en la Universidad Santiago, pues su madre, a causa de estrecheces económicas, se había trasladado a Galicia al amparo de la familia de su esposo.

Poco inclinado al ejercicio de la carrera jurídica, obtuvo su primera colocación en el periódico tradicionalista El Pensamiento  Galaico. Sus artículos pronto llamaron la atención y, cuando en Madrid se fundó El Correo Español, órgano oficial de la Comunión Tradicionalista, el Marqués de Cerralbo le ofreció un puesto como redactor.

El éxito de sus escritos y la admirable oratoria, que desplegó en conferencias y debates,  le permitió pronto pasar a la acción política dentro de la Comunión. Primero fue diputado a Cortes por el distrito de Aoiz y luego por el de Estella y el de Pamplona. Desde 1893 hasta 1919, su voz se oyó en el Parlamento, hecha excepción de algunos años -de 1900 a 1905- en que se apartó un tanto de la vida pública para dedicarse al estudio.

Tras la I Guerra Mundial, su desavenencia con la postura aliadófila de S.M.C. Don Jaime III, que contrastaba con su inclinación germanófila, le llevó a apartarse de la Comunión y a crear en 1918 el Partido Católico Tradicionalista, cuyo ideario, fuera de diferencias coyunturales y personales, era idéntico al del carlismo.

Su salud, resquebrajada desde 1924, le mantuvo apartado de la vida pública hasta su muerte acaecida en Madrid en el año de 1928.

Según Rafael Gambra, “Mella no sólo lanzó en aquel tiempo el grito de aún vive el Carlismo, sino que fue el gran sistematizador y expositor del conjunto de las ideas políticas y sociales que entrañaba nuestro régimen tradicional, de las que realizo una luminosa síntesis, logrando presentar ante aquella generación un todo coherente de ideas extraídas del difuso elenco del tradicionalismo, hasta entonces más sentido que comprendido”.

Los méritos de Vázquez de Mella no sólo entusiasmaron a los carlistas, que vivieron tras la segunda guerra hasta la caída de la monarquía liberal, sino que fueron reconocidos por sus enemigos parlamentarios y por gentes ajenas al pensamiento tradicional. Buenas pruebas de ello son su nombramiento por unanimidad como miembro de la Real Academia y los dos ofrecimientos de carteras ministeriales -ambos rechazados- que, con mucha diferencia temporal, le hicieron Cánovas del Castillo y Maura.

En este sentido Sainz Rodríguez dijo que “Vázquez de Mella fue engrandeciendo su personalidad de tal modo, que rebasó los límites de su partido, llegando a ser una figura nacional”. Alabanza, no exenta de hipocresía, que esconde una falsedad notable, porque ni Mella ni español alguno que pertenezca a la Comunión Tradicionalista puede ascender en su adscripción política o en su pública categoría moral. Si, desde fuera, le apreciaron, mucho se debió, sin duda, a su afable y bondadosa condición y a los evidentes méritos de su retórica y de su sabiduría. Pero también, y sobre todo, fue reconocido porque, en aquellos tiempos, quien llegara a conocer el pensamiento carlista no podía menos de sentirse, en alguna forma, identificado con él, so pena de abandonar su propio credo o su condición de español. Lo primero, porque las ideologías modernas, quiéranlo o no, no son sino fragmentos extraviados que se han desgajados del pensamiento tradicional. Lo segundo, porque, por entonces, los parlamentarios todavía podían conmoverse ante interpelaciones como la de Mella cuando les dijo:

“Señores diputados, vosotros que como españoles, tenéis que rendir acatamiento a la rectitud y a la consecuencia, debéis reconocer la verdad de aquello que afirma tan admirable y elocuentemente Aparisi, al decir: cuando se pasa delante del partido carlista, hay que descubrirse como cuando se pasa delante de la estatua del honor”.

Rectitud, verdad, honor. Lenguaje arcano e incomprensible para esos partidos del día que se han confabulado para quitar su nombre a la plaza de Vázquez de Mella y rendir homenaje a un sodomita. Cualquier injuria en su boca es un honor; cualquier alabanza, un insulto.

Una Junta de Homenaje a Mella, apoyada por gran número de españoles de toda condición, se propuso, poco después de su muerte, publicar sus obras y construir un monumento en su honor. La fuente de Vázquez de Mella, colocada en la plaza madrileña que hasta hoy lleva su nombre, no llegó a edificarse hasta 1946. Los treinta tomos de sus obras completas se fueron publicando desde 1932 hasta 1947. El tomo I, que hoy ofrecemos en carlismo.es, recoge, a modo de anticipo, una selección de textos oratorios e históricos, con el fin de recabar colaboración y adhesiones. Sin duda eficaz en su día, no creemos que actualmente sea la mejor manera de atraer la atención sobre Mella; pero, fieles al propósito que nos anima, que no es otro sino el deseo de perpetuar y difundir su obra completa, empezamos por su publicación.

Aramendi

Para acceder al libro en formato pdf, pulsar sobre el siguiente enlace:

obrasvazquezmella-tomoI

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