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José Miguel Gambra: Podemos ¿una revolución gnóstica? (I)

Una vez fracasado su primer intento de asalto al poder de la mano del PSOE, algunos creen que Podemos es agua pasada; que ha sido absorbido en la casta política; eso sí en una casta de extrema izquierda, pero que tiene tantas posibilidades de llegar a la Moncloa como en su día tuvieron el PCE e Izquierda Unidas. Sin embargo creo que puede haber una diferencia esencial entre estos casos. Podemos parece haber alcanzado el estatus de movimiento revolucionario gnóstico, cosa enormemente más peligrosa que un movimiento político sin más. Su peligro no radica en el contenido de su ideología, que puede ser de todo jaez, sino en la psicología irracional y contagiosa que genera. Psicología que explica cómo pueden acogerse a su protección los grupúsculos de los más incompatibles propósitos, como ecologistas, separatistas, LGTB y, por supuesto, los comunistas.

De todos es sabido cómo Eric Voegelin mantuvo que los principales movimientos políticos de la Edad Moderna, a diferencia de lo comúnmente admitido, no son retornos al paganismo, sino al gnosticismo. La influencia de esta herejía, la primera de las que sufrió la Iglesia, pervivió durante la Edad Media, pese a las condenas, y resurgió a partir del Renacimiento con tal fuerza que buena parte de las concepciones políticas posteriores sólo se explican desde esa perspectiva. No voy a presentar la teoría de Voegelin ni las analogías sobre las que se apoya para sostenerla. Lo que aquí interesa es su análisis de la psicología de masas que acompaña a las revoluciones gnósticas. Voegelin expone, de manera general, las etapas por la que se generan esa mentalidad, apoyándose en la descripción que hizo Richard Hooker del movimiento puritano, que transformó radicalmente el orden jurídico y social de la Inglaterra del s. XVI. Comparar esas etapas con lo que piensan los seguidores de Podemos resulta sumamente ilustrativo para ver a lo que se está convirtiendo en una realidad cada vez más inquietante y amenazadora.

El primer paso de esa mentalidad exige que alguien presente machaconamente una «causa», o denuncia, consistente en un  conjunto de «severas críticas de los males que afectan a la sociedad y, en especial, de la conducta de las clases altas». Esto queda evidentemente reflejado en la mente de los podemitas que se empeñan en exagerar la situación caótica de España y los sufrimientos indecibles de los españoles, hambrientos, perseguidos y esclavizados.

El segundo paso «consiste en lograr concitar las ira popular contra el gobierno establecido y en atribuirle todas las faltas y la corrupción que a causa de la fragilidad humana existen en el mundo». Las críticas demonizadoras de los populares y, especialmente de Rajoy, no permiten dudar de que este paso también fue dado por Podemos desde el principio. Como dice Juanma del Álamo, «a veces parece que a los podemitas les gusta la corrupción de los populares».

(continuará)

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