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El marxismo de Podemos (IV). Rosa de Luxemburgo: la inspiración

cupulaLos medios de comunicación, centrados en la el partido “Podemos “y sus declaraciones como tal, dudan sobre la manera en que debe encuadrarse ese movimiento. Parece claro que es de izquierdas, cosa que Pablo Iglesias reconoce como inclinación personal, que no afecta al partido. Pero, dentro de eso, no parece haberse descubierto la etiqueta que lo encuadre adecuadamente: ha sido calificado de utópico, de populista, de formación basada en un fuerte liderazgo; de partido antisistema e, incluso, se ha asimilado a la socialdemocracia; también se han señalado como sus inspiradores a Gramsci, a Lenin, a Chaves etc.

Si queremos hacernos una idea de lo que representa este movimiento, a lo que debemos dirigirnos no es a sus programas o a sus declaraciones públicas como partido que, como siempre sucede, ocultan los propósitos de quienes lo dirigen. En la política partidista, todo eso son alharacas de la universalmente engañosa propaganda. En las elecciones, se entrega el poder a personas que siempre hacen lo que tienen en la cabeza; y, no lo dudemos, para conocer el grupo cerrado que domina “Podemos”, sin permitir intromisiones, lo que importa es mirar cómo piensan sus componentes.

Por tanto, dentro de la infinidad de documentos generados en Internet por “Podemos”, distinguiremos los escritos doctrinales y tácticos, publicados por su cúpula antes de que esa formación pasara a la acción política, y las manifestaciones públicas confeccionados con posterioridad, donde la doctrina y la táctica quedan enmascaradas con el fin de captar voluntades y votos.

“Podemos”: marxismo duro con táctica suave

Para mostrar que la cúpula de podemos está formada por marxistas que se adhieren sin vacilación a lo que he llamado meollo doctrinal del marxismo, basta citar un par de datos:Preimio libertador

1) Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, que ocupa, este último, el tercer o cuarto de la cúpula, recibieron el “Premio Libertador del Pensamiento Crítico 2010” (dotado con ciento cincuenta mil dólares) que les concedió el gobierno de Venezuela por un libro titulado El orden de El Capital. Por qué seguir leyendo a Marx. Su finalidad, según sus autores, parte del “análisis que hace Marx del capitalismo (que sigue siendo lo más clarificador que se ha escrito para entender las leyes fundamentales que rigen la sociedad capitalista, que es la nuestra) y la filosofía práctica de la tradición ilustrada” y “poner todo ese bagaje a la altura de nuestro tiempo para que nos ayude a comprender y a transformar el mundo que nos ha tocado en suerte y que, por cierto, se caracteriza por el control progresivamente creciente de poderes salvajes”. “El libro -dicen- se lo hemos dedicado a los y las comunistas, porque seguimos convencidos de que tenían razón en lo esencial: en luchar heroicamente contra el capitalismo para impedir que el mundo se convirtiera en lo que hoy se ha convertido” (www.anticapitalistas.org/spip.php?article25389).

monedero (2)2) Juan Carlos Monedero, escribió en 2006, el libro Empresas de Producción Social. Instrumento para el Socialismo del siglo XXI», que fue editado por una editorial para la propaganda del Gobierno de Hugo Chávez. En él, según una recensión periodística,  pone como modelos la Revolución de Lenin, que, según el autor, «trajo consigo una explosión democratizadora en todo el mundo» y a Cuba que «pese a todos los intentos de estigmatizarla, permanece como estandarte de la dignidad del continente latinoamericano en pos de la construcción de nuestra América» (http://www.abc.es/espana/20150130/abci-monedero-libro-201501292041.html).

3) Pablo Iglesias, hablando para los suyos declaró que tienen razón quienes comprenden  “que el materialismo histórico es la clave para entender el desarrollo de los procesos sociales” (https://www.youtube.com/watch?v=1v430q8Ns7A).

Estas publicaciones no parecen dejar lugar a duda alguna. Pero si alguien todavía las tuviera, basta consultar  los escritos tácticos de los dirigentes de “Podemos” para ver que todo el horizonte que dan por descontado es el de la necesaria lucha de clases y del necesario protagonismo del proletariado en orden al progreso revolucionario.

Espartaquismo a la “Podemos”Errejon

Entre esos escritos, resulta especialmente ilustrativo uno que recoge la intervención de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón (los otros dos elementos de la cúpula de Podemos) en un congreso en Manchester de 2005 sobre movimientos sociales alternativos. El documento, en inglés, se enmarca en una publicación con pretensiones académicas, pero  se inscribe exclusivamente dentro del análisis escolástico del marxismo. El título sirve por sí mismo para situar la intención que persigue: Los Nuevos Espartaquistas. El pensamiento de Rosa Luxemburgo para entender el Movimiento Global, donde “movimiento global” se refiere a las movilizaciones internacionales que se han producido en la última década contra el capitalismo neoliberal.

Pablo Iglesias5.pu2El texto empieza por una exposición apologética de la táctica que, dentro de la ortodoxia marxista, propone Rosa de Luxemburgo. Luego su aplicación  a los llamados movimientos antiglobalización, o antisistema, que se plasmaron desde 1994 a 2005 en Chiapas, Seattle, Madrid y Génova, entre otros lugares. La presentación del pensamiento de Luxemburgo carece de originalidad. Se  puede hallar en cualquier manual sobre la evolución del marxismo e, incluso, en cualquier enciclopedia. En cambio, la propuesta de aplicación a los movimientos antisistema tiene el interés retroactivo de presentar la táctica que, casi diez años después, seguirá “Podemos” cuando se ponga al frente del llamado movimiento del 15 M.

Antes que nada, el artículo sitúa la obra de Luxemburgo dentro de la estrategia común del marxismo, que persigue acomodar el orden político a la a situación económica. Su fin es, pues suprimir  la llamada alienación política que el hecho de que los mecanismos estatales estén en manos de los capitalistas (clase opresora) y no en las de los trabajadores (clase oprimida). Luego destaca el carácter revolucionario de la táctica propuesta por Luxemburgo, que se opone, tanto al reformismo socialdemócrata, como a la inoperancia del marxismo especulativo y retórico. Después habla de la teoría de Luxemburgo sobre la necesaria espontaneidad de la revolución, cuyas manifestaciones “no tienen que ser convocadas”, ni “se deciden en las cúpulas de las organizaciones de las masas ni en los comités centrales de las vanguardias”. Nada, en suma que no sepamos.

Lo que, por el contrario, sí merece atención es el párrafo siguiente, donde Iglesias y Errejón describen su manera de entender la función táctica de las vanguardias revolucionarias, pues esa es la función que la cúpula de “Podemos” se asignará a sí misma, cuando forme su partido y se pongan a la cabeza del movimiento del 15 de marzo:

El papel de las vanguardias, que son sólo los núcleos duros de los más conscientes de los trabajadores y los intelectuales próximos a ellos, no consiste en predecir los brotes, sino más bien en comprenderlos y explicarlos en relación con las condiciones actuales del capitalismo, y en ser un estímulo de radicalización que participa como la facción más avanzada en cada lucha. La vanguardia ha de descubrir las principales contradicciones del sistema capitalista y proponer recursos que apunten directamente a ellas. Instrucciones tácticas que deben tener la estrategia revolucionaria como hoja de ruta, y ser tan firmes como las condiciones lo hagan posible -que no es fácil de interpretar-, yendo siempre al límite, pero sin romper el vínculo necesario con los deseos y rencores actuales de las masas: un paso por delante de las masas, pero sólo uno (Lenin ).

En breve, las vanguardias tienen que apropiarse de los brotes de insatisfacción, o de lucha (como ellos dicen), interpretarlos y encauzarlos, cuidando amorosamente de que las masas sigan creyendo que la vanguardia no hace sino recoger sus propias reivindicaciones. Esta táctica -prosiguen Iglesias y Errejón- difiere mucho leninista, que confiere a las vanguardias profesionales un poder completo para dirigir las masas y sustituirlas en la dirección de la revolución, sometiéndolas a una disciplina férrea y a las depuraciones consiguientes: “Luxemburgo en ese sentido formuló el internacionalmente famoso eslogan: la liberación de los trabajadores será  producto de ellos mismos o no será”. Basados en estas palabras, los autores del artículo entienden que la táctica espartaquista proclama la libertad y la democracia en el seno de la clase trabajadora:

La libre expresión de las masas y su control sobre la política y el proceso económico es lo que salva a la revolución de la corrupción, la burocracia y la dictadura burguesa. La libertad para todo el mundo es lo que asegura el proletariado pueda ser guiado por la vanguardia sin ser dominado por ella.

Pero, entiéndase esa proclama en su dimensión verdadera. Porque, en contra de lo que pudiera parecer, en ella no se sostiene, en modo alguno, un régimen democrático; ni se exime de la represión a los enemigos de la revolución (es decir la clase dominante y la de intelectuales o religiosos causantes de las alienaciones). Tampoco supone una concepción moralizadora, sino que sólo propugna el medio táctico más eficaz para la aceleración de la historia hacia la sociedad comunista. Los autores del escrito lo dicen claramente cuando, al final, asumen la siguiente conclusión inspirada en las propuestas tácticas de Luxemburgo:

Con Rosa podemos caminar el camino de la democracia como una herramienta emancipadora, de la libertad, como un ejercicio cotidiano y permanente. El objetivo no justifica los medios. La represión debe limitarse a la vieja clase de los explotadores. La democracia y la socialización del poder son inseparables del triunfo de la revolución, y ello debido a la eficacia y a razones históricas más que las abstracciones morales.

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