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Discurso de Ana Calzada en la Cena de Cristo Rey

Ana CalzadaCon motivo de esta Festividad de Cristo Rey quisiera hacer especial hincapié en la importancia de “buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo”, tal como se expresa en la Encíclica Quas Primas. En una época como la actual, en la que los gobernantes parecen muy preocupados por una paz mundial que tanto mencionan en sus discursos, esa paz falta más que nunca. Como señala Pío XI, la paz no puede resplandecer en aquellos lugares que se han alejado de Dios y eso es lo que vemos hoy en día en las naciones. No hay más que ver el listado de los premiados con el Nobel de la paz para darse cuenta de que el concepto de paz que tiene el mundo es erróneo. En él encontramos presidentes estadounidenses tan belicistas como Roosevelt y Obama, e incluso organismos como la Unión Europea, todos ellos claramente alejados de la paz verdadera que Pio XI menciona, pues solo la restauración del reinado de nuestro Señor Jesucristo puede proporcionar esa paz a la que San Agustín llama  tranquilitas ordinis.

En el ámbito eclesiástico, el concepto de paz se asocia cada vez más al ecumenismo impulsado en un primer momento por episcopalianos y luteranos como Söderblom, también Nobel de la paz. Sin embargo, como el mismo Pio XI aclara en la Mortalium Animos, los católicos no pueden aprobar ese falso ecumenismo basado en la falacia de que todas las religiones son buenas, ya que de este modo se comete un importante agravio contra la única religión verdadera. En relación a la falsa paz del ecumenismo, es digno de mención el ejemplo de San Edmund Campion, sacerdote católico cruelmente martirizado en la Inglaterra de Isabel I, que comprendiendo la importancia de reafirmar el catolicismo como la única religión verdadera, se negó a rezar con el clérigo anglicano presente en el patíbulo diciendo: “Señor, usted y yo no practicamos la misma religión por lo que le pido se mantenga aparte mientras rezo. No excluyo ninguna oración pero deseo que sea de aquellos que puedan acompañarme en mi misma fe, y decir un mismo credo en mi agonía”. Decir lo contrario habría sido quebrantar el orden querido por Dios, haber hecho violencia a su Reinado, y como vemos en nuestro tiempo, tampoco habría servido para conseguir siquiera la paz mundana ni en las sociedades ni entre las naciones. Y es que como afirma Pío XI, será a través de la regia potestad de Cristo como vendrán increíbles beneficios tales como la paz y la concordia y no reconociendo una falsa religión cristiana ajena a la verdadera iglesia de Cristo.

Estamos viendo cómo en Oriente Medio se vive en un estado de guerra atroz en el que también muchos cristianos están siendo masacrados ante el silencio de todos esos gobiernos que tanto dicen buscar la paz, pero que han financiado y apoyado a grupos islámicos. Como señalaba hace poco Juan Manuel de Prada, los culpables han sido fieles a la palabra dada, pues Obama había afirmado con orgullo que Estados Unidos no era una nación cristiana, mientras que los cristianos sirios han encontrado un defensor en el presidente ruso Vladimir Putin, que se había comprometido a ello en su reelección en 2012. Así no es de extrañar que el gobierno estadounidense y sus lacayos europeos se hayan indignado sin disimular porque Rusia esté combatiendo al Estado Islámico. Esos gobiernos siembran la injusticia en Palestina o en Siria, movidos por intereses económicos y más aún, por un plan internacional que lo que busca es borrar de la faz de la Tierra hasta el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, y que siendo un gran desorden objetivo de todas las cosas y una inversión de todos los principios, se ha llamado paradójicamente Nuevo Orden Mundial.

El mismo desorden es el que impera en nuestra patria porque ha olvidado sus raíces cristianas que son las que dan sentido a su historia. El mundo hispano no se puede entender sin el cristianismo, y lo que no se entiende tampoco se puede amar, por eso ha caído España en las luchas egoístas de los partidos y del separatismo, pues como decía Menéndez Pelayo, España es evangelizadora de la mitad del orbe, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma… esa es nuestra grandeza y nuestra unidad, y el día que acabe de perderse España volverá al cantonalismo. Esto es lo que tristemente seguimos viendo en los independentismos actuales, continuación de un largo proceso de desintegración de la Hispanidad en el que centralismo e independentismo no son sino caras de una misma moneda. Ambas lacras se deben a haber olvidado las esencias políticas que en España surgieron a la luz del catolicismo y dieron lugar al otro elemento integrador de nuestra unidad que Menéndez Pelayo no mencionó, y que es la Monarquía hispánica, pues España no es otra cosa que la unión de pueblos libres bajo una misma fe y un mismo Rey.

Por último, vemos cómo la corrupción de nuestra patria afecta hasta el núcleo más fundamental de la sociedad, que es la familia, que ha sido destrozada incluso con la complicidad de las jerarquías eclesiásticas. Hasta los principios más fundamentales de la ley natural son atacados con la promoción del aborto, el divorcio y tantas leyes inicuas que destruyen ese núcleo mismo de la sociedad, que es la familia. Con ello se expulsa a Cristo de la sociedad destruyendo hasta los cimientos del orden político cristiano, imponiendo la peor de las tiranías, que no sólo niega y destruye el orden sobre natural, sino también el orden natural.

Por todo esto, otro año más es necesario festejar esta Fiesta de Cristo Rey y luchar para traer de nuevo a nuestro mundo, a nuestras patrias y a nuestros hogares la paz de Cristo y el reino de Cristo, para instaurar el orden querido por Dios en todas las cosas, para instaurar todo en Cristo que es Rey.

¡Viva Cristo Rey!

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