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Renato Descartes y el racionalismo. Conferencia de José Miguel Gambra en Madrid el sábado 4 de marzo… t.co/mSzN0yqpGT

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Monumento de Navarra a los Muertos en la Cruzada. Los restos del requeté Sotica ya reposan en Tafalla… t.co/oxGXWX2H8U

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Mártires de la Tradición 2017 en Oviedo, viernes 10 de marzo, Capilla de Cristo Rey 20:00 t.co/CdZ0n1uJfQ t.co/L59126ofiX

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«El final de una ilusión. Auge y declive del tradicionalismo carlista (1957-1967)» de Mercedes Vázquez de Prada… t.co/QP2b801QN6

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Carlismo Galicia: Juan Sáenz-Díez, ejemplo de lealtad t.co/LpkThuSYpM t.co/Fe5XEGW3sS

Nuestra historia


El carlismo es una reivindicación legitimista ante la usurpación producida en 1833 a la muerte del Rey Fernando VII. La legislación española, semisálica, determinaba que la sucesión a la Corona debiera haberse producido en la persona del hermano del Rey, el Infante Don Carlos, saludado como Carlos V por sus partidarios. En cambio, un verdadero golpe de Estado encubierto llevó al trono a Isabel, la hija de cortísima edad del fallecido Fernando VII y María Cristina de Nápoles. La guerra estalló con fuerza en toda España, en especial en las Vascongadas, Navarra, Cataluña y Valencia, y duró siete años. Todavía en el decenio de los cuarenta, con el hijo de Carlos V, Carlos VI, volvería la guerra, la conocida con expresión catalana (pues fue en Cataluña y Valencia donde fue más intensa) como «guerra dels matiners», esto de los «madrugadores» en alzarse. Y entre 1872 y 1876, con Carlos VII, una tercera guerra durante la que el Reclamante gobernó en diversas zonas de España. Incluso, en el siglo XX, la guerra que se extiende entre 1936 y 39 tuvo en algunas regiones (piénsese por ejemplo en la legendaria Navarra) una importante componente carlista, así como el carlismo, la Comunión Tradicionalista, fue una de las fuerzas decisivas en el alzamiento y posterior victoria, no obstante el alejamiento posterior respecto del régimen de Franco. Alejamiento, sin embargo, no se olvide, del todo distinto del de republicanos, socialistas y comunistas, al estar inspirado en los viejos principios de la tradición española y no en las ideologías de la modernidad. (Miguel Ayuso , Una visión española de la Acción Francesa, pp. 71-72. Vid. Nuestra biblioteca digital carlista).