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¿Qué es el Carlismo? Nueva incorporación a la Biblioteca Tradicionalista Digital de Carlismo.es

 

En las actas de un Consejo de la Tradición, celebrado en 1950, se recoge la exposición que don Manuel Fal Conde hizo del tema principal del Consejo, centrado en el llamamiento hecho ese mismo año a los carlistas por su S.S. Pío XII, en una audiencia concedida al rey Don Javier I, por entonces Regente. Fal Conde recordó, primero, la siguiente frase del Papa a Don Javier: “Dí a los requetés que los llevo siempre en el corazón (…) Tengo aquí la ordenanza de los Requetés no sólo como recuerdo de gratitud, sino como esperanza de que estos ideales se difundan por el mundo católico”. Y prosiguió con la ampliación que sigue: “En esta audiencia del Papa al Príncipe le habló de la necesidad de difundir en el mundo católico un pensamiento ajustado a las normas de la Iglesia. El Papa se refirió concretamente a nuestros ideales, con tanta fe en su pureza, que no hizo distinción con respecto a ellos, sino que los consideró como netamente católicos y dignos de difundirse por todo el mundo católico. Señaló el Papa la necesidad de que nosotros, completando a la Acción Católica, contribuyamos a la difusión del pensamiento católico en la América española” (Santa Cruz, M., Apuntes y Documentos para la Historia del Tradicionalismo Español, Madrid 1980, tomo 12, p. 49).

Una buena parte del inmenso trabajo de difusión intelectual llevado a cabo por Francisco Elías de Tejada puede enfocarse como realización de ese llamamiento. No se conformó con llevar a cabo una gigantesca obra jurídica e histórica en la soledad de su despacho de catedrático, sino que dedicó grandes esfuerzos para crear instituciones, organizar congresos, fundar editoriales y revistas y mantener relaciones con los intelectuales tradicionalistas de las Españas y de la vieja Cristiandad. La semblanza de su vida, que ofrecemos más abajo, da una idea de todos estos desvelos, a los que dedicó vida y hacienda. Su obra se ha perpetuado, más allá de su paso por este mundo, gracias a la Fundación Francisco Elías de Tejada, que instituyeron él y su esposa, doña Gabriela Pércopo. Hoy, esa Fundación continúa la labor de difusión del ideario carlista, a lo largo de todo el mundo hispánico y católico, con una pujante vitalidad que se debe, sobre todo, a la dedicación de su actual presidente, y hasta hace poco secretario, el catedrático don Miguel Ayuso.

El pequeño libro ¿Qué es el carlismo?, incorporado desde hoy a nuestra Biblioteca Tradicionalista digital no es, desde luego, el fruto más acabado, ni el más profundo, nacido en el entorno de Elías de Tejada. Pero sí es, quizás, el más popular. El extraño modo, descrito al principio del libro, en que fue gestado explica sus desequilibrios e imperfecciones, pero también garantiza su fidelidad al pensamiento carlista. A pesar del paso de los años y del cambio de circunstancias, sigue siendo de gran utilidad para quien desee conocer las líneas maestras del ideario tradicionalista.

El profesor Francisco Elías de Tejada y Spínola

El profesor Francisco Elías de Tejada y Spínola, nacido en Madrid, pero de patria extremeña, en 1917, catedrático de Derecho Natural y Filosofía del Derecho de las Universidades de Murcia, Salamanca, Sevilla y Madrid, falleció en este última ciudad en febrero de 1978. Autor de tres centenares cumplidos de monografías y artículos, en sede de filosofía práctica, derecho público e historia de las ideas políticas, se halla probablemente entre sus más destacados cultores durante la segunda mitad del siglo XX. Adscrito al pensamiento tradicional español es también, en el mismo período, una de las cimas del tradicionalismo carlista, con Rafael Gambra y Álvaro d’Ors, con Juan Vallet de Goytisolo –por más que éste sin tinte estrictamente legitimista– y Francisco Canals. Y fuera de las fronteras peninsulares, pero siempre en la común nación, con el chileno Osvaldo Lira, el brasileño José Pedro Galvão de Sousa y el estadounidense Frederick D. Wilhelmsen.

En filosofía jurídica, amén de abordar las relaciones del derecho con la moral y la política dejó eruditas consideraciones sobre los saberes jurídicos, en la línea de afirmar la supremacía de la prudentia iuris (jurisprudencia entendida como saber filosófico) respecto de los saberes técnicos y puramente científicos. En teoría política y derecho público se le debe la indagación de las causas de diferenciación entre los pueblos, con la revalorización de la tradición frente a la nación, y el desarrollo del modelo institucional de la monarquía tradicional, católica y representativa. Finalmente, en historia de las ideas políticas, persiguió con afán la indagación de lo hispánico, en el sentido amplio pre-estatal que expresa la voz, por él relanzada, de “las Españas”, con el fin de levantar la traza de su ejecutoria en el tiempo; así como vertió sus muchos saberes por los universos culturales más variados (Escandinavia, Extremo oriente, África negra, etc.).

Su obra quedó incompleta con su muerte temprana, pues del gran tratado iusfilosófico apenas, eso sí, en un par de miles de páginas, pasó de las primeras lecciones. Y en la gran historia de la literatura política en las Españas sólo llegó a completar los tiempos medios y de modo fragmentario algunas de las piezas correspondientes a la edad moderna. Su forja teórica, empero, queda como uno de los arquetipos del tradicionalismo hispano, de raíz católica, matriz tomista y afirmación foralista, distante de los desvaríos europeos regalistas, ontologistas y centralistas. Y sus empresas, hercúleas, lo presentan como uno de los campeones del legitimismo español carlista. Pues a su quehacer objetivado en la obra escrita, se suma su escuela universitaria y su red de contactos a lo largo de todo el mundo, alimentada por sus viajes incesantes. Así, en los años cincuenta animó la revista Reconquista, publicación de gran calidad y originalidad, puente hacia los hermanos lusitanos, con la colaboración del inolvidable profesor paulista José Pedro Galvão de Sousa, cultor del derecho político en clave realista. También, con las ediciones Montejurra, que él pagó, contribuyó a rehabilitar intelectualmente el carlismo español, reagrupando a sus plumas históricas y doctrinales más cotizadas, y abriendo el horizonte a otras afines. Tarea que prosiguió en los años sesenta, con el Centro de Estudios Históricos y Políticos “General Zumalacárregui”, a través de la convocatoria de diversos congresos y jornadas, en particular los dos grandes Congresos de Estudios Tradicionalistas, de 1964 y 1968. En los años setenta, finalmente, la Asociación Internacional de Iusnaturalistas Hispánicos “Felipe II”, nacida tras las I Jornadas Hispánicas de Derecho Natural, reunió a buena parte de sus discípulos y amigos de todo el mundo, especialmente hispánico, y en particular hispanoamericano y napolitano. El primero desapareció, incorporándose junto con la segunda al Consejo de Estudios Hispánicos “Felipe II”.

Su escuela universitaria se volatilizó con la desaparición del maestro, en parte por la evolución de los discípulos, huérfanos de su orientación, y también por la adaptación de buena parte de ellos al signo del cambio acelerado que a la sazón sufría España.

Para acceder al libro, pulse en el siguiente enlace:

http://www.carlismo.es/librosElectronicos/queeselcarlismo.pdf

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